Cree Felipe Calderón que nos estamos chupando el dedo y que le vamos a agradecer su ocurrencia anunciada esta semana de que, el pago que hacemos los padres de familia por la educación de nuestros hijos será deducible de impuestos. Está claro, esta no es una medida política a favor del pueblo sino a favor de los que cobran por educar, o sea las escuelas-negocio de la Iglesia y las escuelas “patito” particulares que medran gracias a la ineficiente política educativa del Estado. El anuncio caería bien si la Constitución mexicana no dijera que la educación es gratuita y demás atributos, y que está a cargo del estado impartirla, y que es una garantía social; pero como la Constitución fue originalmente formulada por pensadores liberales inteligentes y sobrios, desde 1917, es posible que don Felipe nunca se hubiera enterado de eso; también es posible que vaya cínicamente a hacerles el juego a quienes viven del negocio educativo con tendencia a recobrar por esa vía los fueros y privilegios que alguna vez tuvieron el clero y sus corifeos que son los que mangonean esa área económica.
Que no pretenda engañarnos, esa medida no es para nosotros, no es para el pueblo que se atiene a un sistema educativo “gratuito” impartido precariamente por el Estado, que se caracteriza por su ineficiencia, que nos tiene mundialmente clasificados en los últimos lugares de rendimiento escolar, que nos ofrece como excepción el ejemplo de alguna escuelita aventada allá en algún suburbio en donde de repente sale un niño ejemplar. La educación oficial en nuestro país es una yerba raquítica, un chichicaxtle que crece a la sombra del robusto arbusto de las escuelas de paga, muchas instituidas por Marcial Maciel.
El juego no niega la cruz de su parroquia, Calderón forma parte del grupo que ahora pretende gobernarnos, por suerte sin lograrlo completamente, que se ha dado en llamar “la derecha”, es la parte conservadora del país, de los que están en contra del condón (aunque lo usen) y del aborto (aunque lo practiquen) y de las uniones gay (aunque las disimulen), forma parte del grupo de ricos que monopolizan y desperdician los medios masivos de comunicación, que podrían usar para educar ciertamente y no para idiotizar, forma parte precisamente de esos que siguen exaltando la generación de empleos porque ellos no son los empleados que tienen que cubrir un jornal con sueldos de hambre, sino los patrones que nos contratan previa firma de la renuncia en blanco; para estos es la dedicatoria de la festiva anunciación de que el pago por educación es deducible de impuestos.
No es la primera vez, ya el año pasado nos regaló también el supuesto beneficio de que los que compraran auto nuevo tendrían una bonificación de treinta mil pesos, que pagaría el Estado; ¿Para quién iba ese beneficio? Si no para los vendedores de autos que ese año vieron deprimidas sus ventas y que peor les irá con el alza del precio de la gasolina de la que ya estamos viendo sus malas consecuencias.
Estamos en presencia de una política encaminada a darle al que más tiene, que busca cambiarles la cuchara grande con la que ya se sirven, por otra todavía más grande, a la vez que se reparten cucharitas de plástico a la población, para que prueben con la puntita el dulce con el que se van a atragantar los del cucharón.
Y bueno, cuando se dio la oferta opcional de la compra de auto, pues los que quisieron caer cayeron y nada más, pero en el área educativa es otra cosa, aquí el que no se educa no la hace, y no digo en este país, sino en este planeta, la educación no puede estar en manos de mercachifles que la cobran bien cobrada, la educación tiene que volverse a democratizar para ofrecerse a todo el mundo de la manera menos costosa, más segura, menos enajenante, la Constitución lo obliga cuando dice que “la educación debe luchar contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”.
El impuesto deducible por pago de la educación, es una de tantas maneras sutiles… para el que no la quiere ver, de meter reversa, de darle fuerza al cobro por educar; y todo esto debajo de la sombra de una lideresa como la Gordillo, que si no ha protestado, será porque ahí también lleva una piscacha.
miércoles, 16 de febrero de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
SENSIBILIDAD O CRUDA
La libertad de expresión es algo que caracteriza a las democracias, igual que a las dictaduras las identifica la represión a lo que se dice, se lee y se hace. Los actos represivos que pueden evitar que alguien se exprese libremente, pueden ir desde el corrupto cochupo o chayo, hasta el homicidio, pasando por la suspensión de los derechos laborales del asalariado que dijo lo que no se quería oír, la amenaza de daño a él o a su familia, el encarcelamiento, en fin la vieja rima “encierro, destierro o entierro”.
Los dictadores o aspirantes a serlo pueden ser también caracterizados; por lo regular son: chaparros como Franco, cínicos como Pinochet, autocomplacientes como Fidel, narcisistas como Julio Cesar y Hugo Chávez, fascistas como Hitler, Mussolini y Porfirio Díaz, o todo junto como Napoleón.
El proceso sicológico que se desarrolla en personajes como los mentados arriba, es muy característico y está estudiado por los alienistas, algunos lo llaman megalomanía y saben que progresa a partir de sentirse por encima de todos los demás. El viaje interior sería así: Distinguido> ejemplar> indispensable> elegido (por los hombres)> elegido por dios> enviado de dios> hijo de dios> dios mismo> salvador del pueblo> salvador de la humanidad. Por eso esta enfermedad mental prende con gran facilidad en personas señaladas y apapachadas socialmente como diputados, líderes, presidentes, gobernadores, ejecutivos, millonarios, y ya ni qué decir de obispos, arzobispos y papas que a través de los siglos han acabado por creerse la mentira de que son “vicarios” o sea representantes y enviados de dios.
Llegan estos personajes a suponer que su voluntad es la que rige el mundo, que sus acciones son infalibles y que quien se atreva a contradecirlos o a calificarlos como menos que semidioses o dioses, según lo avanzado de la enfermedad de que adolecen, merecen castigo
ejemplar. Para estos enfermos el poder y la adulación son caldo de cultivo que retroalimenta la enfermedad, así que caen dentro de un grave círculo vicioso del que es casi imposible salir y en el cual sólo permiten la cercanía de aduladores serviles, tomando como ofensa o agresión toda idea que ponga en duda su divinidad, superioridad o infalibilidad. Son esos que afirman que: “el que no está conmigo está contra mí”.
Lo prudente es no acercarse mucho a ellos, si no se es loquero que tenga que tratarlos o administrarles alguna medicina calmante, porque la megalomanía es contagiosa aunque parezca mentira; existen multitud de casos fuera de manicomio, de personajes que sintiéndose supremos, se rodean de individuos que al poco tiempo asumen actitudes apostólicas, convencidos de que son la salvación de la humanidad o del país donde viven. Se erigen en “pastores” y ven como rebaño a los demás. De ese modo se explica que Fidel haya pasado de revolucionario a dictador sin darse cuenta y cuando se le acabaron las fuerzas puso a su hermano Raúl de pastor del hato que durante tantos años se dedicó a domesticar para que sólo abran la boca para comer… cuando hay; ahora Raúl Castro inicia el recorrido sintomático de la megalomanía; si vive lo suficiente veremos avanzar su mal siguiendo las mismas etapas ya descritas.
México ha tenido un camino muy empedrado en lo que se refiere a democracia, las dictaduras han prevalecido a lo largo de la historia porque quienes llegan al poder no quieren soltarlo, lo hacen muy mal, y encima exigen un respeto y consideración que no se ganan. Desde Moctezuma el tlatoani al que no se podía tocar ni verle de frente ni darla la espalda, seguido por los reyes y virreyes de la época colonial, para proseguir con Iturbide que pretendió formar una corte ridícula; Antonio López de Santa Ana (el quince uñas), Benito Juárez que murió siendo presidente, que si no a lo mejor hubiera sido un Díaz prematuro, el pobre Maximiliano iluso, inocente y penitente manipulado por la Iglesia de su tiempo, don Porfirio el culmen de la satrapía, la “dictadura de partido” que nos soplamos y resoplamos más de setenta años, y ahora que pensábamos que habíamos dado un paso hacia la democracia, aparece este señor Calderón, megalómano, al que le ofende que alguien sugiera que es borracho. Pues miren que casualidad, yo que si soy borracho me sentiría ofendido si me compararan con él.
Nuestro gobierno de zaga
con movimiento impreciso,
no puede con quien la hizo
y busca quién se la paga,
apunta muy mal la daga
y atacando sin empacho
dice: “a ésta la despacho”,
y a la Aristegui corrió,
con lo que al fin confirmó
su puntería de borracho.
Los dictadores o aspirantes a serlo pueden ser también caracterizados; por lo regular son: chaparros como Franco, cínicos como Pinochet, autocomplacientes como Fidel, narcisistas como Julio Cesar y Hugo Chávez, fascistas como Hitler, Mussolini y Porfirio Díaz, o todo junto como Napoleón.
El proceso sicológico que se desarrolla en personajes como los mentados arriba, es muy característico y está estudiado por los alienistas, algunos lo llaman megalomanía y saben que progresa a partir de sentirse por encima de todos los demás. El viaje interior sería así: Distinguido> ejemplar> indispensable> elegido (por los hombres)> elegido por dios> enviado de dios> hijo de dios> dios mismo> salvador del pueblo> salvador de la humanidad. Por eso esta enfermedad mental prende con gran facilidad en personas señaladas y apapachadas socialmente como diputados, líderes, presidentes, gobernadores, ejecutivos, millonarios, y ya ni qué decir de obispos, arzobispos y papas que a través de los siglos han acabado por creerse la mentira de que son “vicarios” o sea representantes y enviados de dios.
Llegan estos personajes a suponer que su voluntad es la que rige el mundo, que sus acciones son infalibles y que quien se atreva a contradecirlos o a calificarlos como menos que semidioses o dioses, según lo avanzado de la enfermedad de que adolecen, merecen castigo
ejemplar. Para estos enfermos el poder y la adulación son caldo de cultivo que retroalimenta la enfermedad, así que caen dentro de un grave círculo vicioso del que es casi imposible salir y en el cual sólo permiten la cercanía de aduladores serviles, tomando como ofensa o agresión toda idea que ponga en duda su divinidad, superioridad o infalibilidad. Son esos que afirman que: “el que no está conmigo está contra mí”.
Lo prudente es no acercarse mucho a ellos, si no se es loquero que tenga que tratarlos o administrarles alguna medicina calmante, porque la megalomanía es contagiosa aunque parezca mentira; existen multitud de casos fuera de manicomio, de personajes que sintiéndose supremos, se rodean de individuos que al poco tiempo asumen actitudes apostólicas, convencidos de que son la salvación de la humanidad o del país donde viven. Se erigen en “pastores” y ven como rebaño a los demás. De ese modo se explica que Fidel haya pasado de revolucionario a dictador sin darse cuenta y cuando se le acabaron las fuerzas puso a su hermano Raúl de pastor del hato que durante tantos años se dedicó a domesticar para que sólo abran la boca para comer… cuando hay; ahora Raúl Castro inicia el recorrido sintomático de la megalomanía; si vive lo suficiente veremos avanzar su mal siguiendo las mismas etapas ya descritas.
México ha tenido un camino muy empedrado en lo que se refiere a democracia, las dictaduras han prevalecido a lo largo de la historia porque quienes llegan al poder no quieren soltarlo, lo hacen muy mal, y encima exigen un respeto y consideración que no se ganan. Desde Moctezuma el tlatoani al que no se podía tocar ni verle de frente ni darla la espalda, seguido por los reyes y virreyes de la época colonial, para proseguir con Iturbide que pretendió formar una corte ridícula; Antonio López de Santa Ana (el quince uñas), Benito Juárez que murió siendo presidente, que si no a lo mejor hubiera sido un Díaz prematuro, el pobre Maximiliano iluso, inocente y penitente manipulado por la Iglesia de su tiempo, don Porfirio el culmen de la satrapía, la “dictadura de partido” que nos soplamos y resoplamos más de setenta años, y ahora que pensábamos que habíamos dado un paso hacia la democracia, aparece este señor Calderón, megalómano, al que le ofende que alguien sugiera que es borracho. Pues miren que casualidad, yo que si soy borracho me sentiría ofendido si me compararan con él.
Nuestro gobierno de zaga
con movimiento impreciso,
no puede con quien la hizo
y busca quién se la paga,
apunta muy mal la daga
y atacando sin empacho
dice: “a ésta la despacho”,
y a la Aristegui corrió,
con lo que al fin confirmó
su puntería de borracho.
viernes, 4 de febrero de 2011
ENVIDIA Y AVARICIA
Un regiomontano que trabajaba arduamente para ganarse unos pesos, observó a un jarocho que se acomodaba a la sombra de un árbol a tomar la siesta, un poco molesto le dijo: “la pereza es un pecado capital” y el jarocho le contestó: “la envidia también”.
Yo no siento envidia de lo que dicen que gana la presidenta municipal de Xalapa, me parece que echarse a cuestas una responsabilidad del tamaño de un municipio merece una buena compensación, quisiera sin embargo que cada jalapeño, cada veracruzano, ganara diez mil pesos diarios como se denunció anónimamente que gana ella o cuando menos seis mil pesos diarios como se dijo igual del regidor Cisneros; pero desgraciadamente, aunque se lo merezcan, no es cierto, no puede ser cierto; ningún político votado por nosotros puede carecer de la sensibilidad de arrogarse un salario semejante, cuando los salarios mínimos diarios para esta región apenas rasguñan los sesenta pesos para el pueblo llano, de ser verdad constituiría una acción de lesa sociedad… Pero es necesario que se desmienta por la misma vía, que se publique el desmentís, que la contraloría interna del municipio avale públicamente la nómina, y que la Legislatura local cite a comparecencia a la presidenta, para satisfacción de los que se han sentido ofendidos por la magnitud de las cantidades que se manejan en el documento señalado de apócrifo. No basta sólo decir que es falso y no atendible porque no tiene firmas ni sellos, y digo no basta porque conociendo la seriedad del periódico donde originalmente fue publicado, se que su director no suelta “borregos” infundados y falsos, entiendo que la publicación fue anónima para quienes la leímos, pero quien la recibió en redacción tuvo que haber averiguado quién y bajo qué condiciones la hacía llegar, de otro modo no se hubiera publicado. Quiero cometer el atrevimiento de suponer que cuando llegó a redacción ya traía la anuencia de más arriba de darse a conocer para que, de ser cierta, se tomase la molestia de revisar y ajustar sus emolumentos en una proporción justa, equitativa, que no ofenda a la sociedad, sin perder de vista las proporciones en que se mueve la economía salarial en la ciudad y en el Estado y, abonar la congruencia con la política de austeridad que el gobernador Duarte ha propuesto y repetido en todos los medios de comunicación y que parece ser que habrá de caracterizar su mandato.
Es cierto que el municipio es libre por determinación constitucional, de modo que pueden asignarse los sueldos que quieran, sin que tenga qué inmiscuirse la legislatura del estado ni el mismo ejecutivo, ni el poder judicial de no haber denuncia por algún delito, pero, la infiltración noticiosa al estilo wikiLeaks cae de momento en medio de un escándalo de abuso de autoridad cometido por 125 funcionarios municipales que confundieron las arcas con sus propios bolsillos y de un ajuste general de sueldos y emolumentos de todos los funcionarios en atención a una propuesta de austeridad administrativa, y de una inconformidad ciudadana por la marcha atrás respecto a la eliminación del impuesto a la tenencia de vehículos, y todo ello después de dos sexenios de dispendios, gastos superfluos y gatos retozones que nos tienen escamados a toda la población. Gobernador y diputados se ha cuidado de ir más allá de una opinión, para no lesionar la autonomía municipal, pero… si ellos cuidan las formas y la legalidad muy congruente sería que todos hicieran lo mismo.
Dicen los psicólogos que la envidia se da entre iguales, yo no envidio a Carlos Slim, envidio a mi hermano Benjamín. Por eso supongo que quien filtró la información fue alguien de adentro del mismo ayuntamiento, que sintió ofensiva la desproporción de compensaciones o bonos dentro de una misma lista de personajes “de confianza” que componen un todo: el ayuntamiento de Xalapa, y dentro del cual el que más gana se anota trescientos mil pesos mensuales y el que menos solamente cinco mil setecientos.Los ciudadanos tenemos derecho a opinar, no sólo porque les dimos nuestro voto cuando fue necesario, sino también porque cumplimos sin protestar pagando los impuestos cuyo destino es precisamente el pago que reciben los funcionarios por funcionar, así que lo menos que podemos reclamar es que no sean avariciosos que no abusen, y que nos rindan cuentas ciertas.
Yo no siento envidia de lo que dicen que gana la presidenta municipal de Xalapa, me parece que echarse a cuestas una responsabilidad del tamaño de un municipio merece una buena compensación, quisiera sin embargo que cada jalapeño, cada veracruzano, ganara diez mil pesos diarios como se denunció anónimamente que gana ella o cuando menos seis mil pesos diarios como se dijo igual del regidor Cisneros; pero desgraciadamente, aunque se lo merezcan, no es cierto, no puede ser cierto; ningún político votado por nosotros puede carecer de la sensibilidad de arrogarse un salario semejante, cuando los salarios mínimos diarios para esta región apenas rasguñan los sesenta pesos para el pueblo llano, de ser verdad constituiría una acción de lesa sociedad… Pero es necesario que se desmienta por la misma vía, que se publique el desmentís, que la contraloría interna del municipio avale públicamente la nómina, y que la Legislatura local cite a comparecencia a la presidenta, para satisfacción de los que se han sentido ofendidos por la magnitud de las cantidades que se manejan en el documento señalado de apócrifo. No basta sólo decir que es falso y no atendible porque no tiene firmas ni sellos, y digo no basta porque conociendo la seriedad del periódico donde originalmente fue publicado, se que su director no suelta “borregos” infundados y falsos, entiendo que la publicación fue anónima para quienes la leímos, pero quien la recibió en redacción tuvo que haber averiguado quién y bajo qué condiciones la hacía llegar, de otro modo no se hubiera publicado. Quiero cometer el atrevimiento de suponer que cuando llegó a redacción ya traía la anuencia de más arriba de darse a conocer para que, de ser cierta, se tomase la molestia de revisar y ajustar sus emolumentos en una proporción justa, equitativa, que no ofenda a la sociedad, sin perder de vista las proporciones en que se mueve la economía salarial en la ciudad y en el Estado y, abonar la congruencia con la política de austeridad que el gobernador Duarte ha propuesto y repetido en todos los medios de comunicación y que parece ser que habrá de caracterizar su mandato.
Es cierto que el municipio es libre por determinación constitucional, de modo que pueden asignarse los sueldos que quieran, sin que tenga qué inmiscuirse la legislatura del estado ni el mismo ejecutivo, ni el poder judicial de no haber denuncia por algún delito, pero, la infiltración noticiosa al estilo wikiLeaks cae de momento en medio de un escándalo de abuso de autoridad cometido por 125 funcionarios municipales que confundieron las arcas con sus propios bolsillos y de un ajuste general de sueldos y emolumentos de todos los funcionarios en atención a una propuesta de austeridad administrativa, y de una inconformidad ciudadana por la marcha atrás respecto a la eliminación del impuesto a la tenencia de vehículos, y todo ello después de dos sexenios de dispendios, gastos superfluos y gatos retozones que nos tienen escamados a toda la población. Gobernador y diputados se ha cuidado de ir más allá de una opinión, para no lesionar la autonomía municipal, pero… si ellos cuidan las formas y la legalidad muy congruente sería que todos hicieran lo mismo.
Dicen los psicólogos que la envidia se da entre iguales, yo no envidio a Carlos Slim, envidio a mi hermano Benjamín. Por eso supongo que quien filtró la información fue alguien de adentro del mismo ayuntamiento, que sintió ofensiva la desproporción de compensaciones o bonos dentro de una misma lista de personajes “de confianza” que componen un todo: el ayuntamiento de Xalapa, y dentro del cual el que más gana se anota trescientos mil pesos mensuales y el que menos solamente cinco mil setecientos.Los ciudadanos tenemos derecho a opinar, no sólo porque les dimos nuestro voto cuando fue necesario, sino también porque cumplimos sin protestar pagando los impuestos cuyo destino es precisamente el pago que reciben los funcionarios por funcionar, así que lo menos que podemos reclamar es que no sean avariciosos que no abusen, y que nos rindan cuentas ciertas.
martes, 25 de enero de 2011
OBESOS ¡OH! BESOS
¡No Veo porqué el programa de salud insiste en que no haya niños gordos en las escuelas, cuando no dicen nada de los viejos gordos que hay en el gobierno!
Los llenitos que no han cumplido los doce años no debieran preocuparnos tanto como los que ya han rebasado la adolescencia, la adultez y siguen gordos y tirando a más para los lados, como lo descalifica el seguro social. Ya me gustaría ver al licenciado… No digo nombres por temor a represalias, pero digo, ya me gustaría verlo con una cinta métrica en la mano, y si no le alcanza pues un flexómetro de carpintero o un miriámetro de ingeniero topógrafo midiéndose el anchor de la panza con todo y ombligo que lo debe tener como fanal de Volkswagen antigüito. Y no se imaginen ustedes a quien me supongo que se están imaginando, que yo a esa persona le guardo mucho respeto; me estoy refiriendo a un funcionario del gobierno federal que tiene que ver con el dinero y que ese si está tan gordo que les dice quítense a nuestros queridos gordos de acá cerquitas.
Tampoco veo porqué el supuesto problema se fija en los gordos, cuando tenemos algunos flacos esqueléticos y espiritifláuticos que debieran mover con su sola fantasmal presencia, los programas de alimentación sana de la secretaría de salud. Si las cosas son como se proponen, a esos es a los que deberíamos alimentar con comida chatarra para que suban un poquito de peso y no anden con el saco como si no lo hubieran sacado del gancho. Nomás les falta el tubo del ropero atravesado arriba de la cabeza.
Pero yo creo que la gordura como la delgadez debieran considerarse dentro de los derechos humanos, cada quien su manteca o su tuétano. ¿A quién le importa que yo esté gordo o flaco?
Cada quien su hambre, debiera ser un apotegma tan válido como los de don Benito Juárez, “el respeto a la gordura ajena es la paz”. ¿Qué madres tiene que andar fijándose la gente en mis llantas, en mis cachetes, en mi papada? ¿Qué derecho tiene el secretario de salud de decidir lo que me como? O como decía aquel anuncio genial: ¡Cómo cómo como… como cómo como!
Yo protesto porque desciendo de una familia de gordos; de lado materno tías y tíos eran gordos, a mi madre Isabel Ochoa en vez de Chabela le decían Chabola y de ahí toda la camada que vivieron el siglo pasado, casi completo porque fueron muy longevos, todos eran obesos, les decían los gordos Ochoa. El que murió más joven lo hizo a los 86 años, y comían todo aquello que, sin calificativo de chatarra, ahora lo prohíben los médicos: carne salada, chicharrones, queso de puerco, longaniza, chorizo, pan de Xico, de Dauzón y de La Providencia, tamales de chile, de dulce y de manteca; guisaban con manteca de cochino y después de comer dormían la siesta tan en serio que se ponían piyama y rezaban: “Con dios me acuesto con dios me levanto y la virgen santa me cubre con su manto” y se sorrajaban diariamente una siesta de una a dos horas, y así vivieron hasta que sus respectivos cónyuges y vástagos les pidieron por favor que ya se decidieran a morirse porque ya estaban desperdiciando el oxígeno que nos tocaba a los miembros más nuevos de la familia.
Y de los flacos ya ni se diga, antes que se inventara la bulimia y la anorexia, tuve parientes a los que hasta a la tuberculosis le daba lástima atacarlos; esos García del lado paterno, todos ososos y desnalgados que parecía que bailaban cuando caminaban, la gente en la calle les estiraba los brazos pensando en que de un momento a otro se iban a caer, y nadie pensó en someterlos a régimen de sabritas, ni chocorroles, ni chicharrón de harina con queso de soya. También vivieron hasta que la familia los arrumbó en el cuarto del traspatio para que no dieran lástimas a las visitas.
La comida en la mesa presidida por el padre de familia, donde se empezaba con la sopa obligatoria, se continuaba con el arroz y después el palto fuerte, para rematar con los frijoles, el postre, el café, el plus café, el puro y la sal de uvas, ya pasó a la historia por muy buena costumbre que haya sido; ahora nos damos de santos que haya padre de familia presidiendo la mesa, y que bueno, por lo regular los padres de familia lo único que producían era indigestión. Pero insisto, ser gordo o flaco debiera ser una garantía constitucional. ¿Quién se puede atribuirse el derecho de opinar respecto a lo que ponemos en nuestro plato?
Los llenitos que no han cumplido los doce años no debieran preocuparnos tanto como los que ya han rebasado la adolescencia, la adultez y siguen gordos y tirando a más para los lados, como lo descalifica el seguro social. Ya me gustaría ver al licenciado… No digo nombres por temor a represalias, pero digo, ya me gustaría verlo con una cinta métrica en la mano, y si no le alcanza pues un flexómetro de carpintero o un miriámetro de ingeniero topógrafo midiéndose el anchor de la panza con todo y ombligo que lo debe tener como fanal de Volkswagen antigüito. Y no se imaginen ustedes a quien me supongo que se están imaginando, que yo a esa persona le guardo mucho respeto; me estoy refiriendo a un funcionario del gobierno federal que tiene que ver con el dinero y que ese si está tan gordo que les dice quítense a nuestros queridos gordos de acá cerquitas.
Tampoco veo porqué el supuesto problema se fija en los gordos, cuando tenemos algunos flacos esqueléticos y espiritifláuticos que debieran mover con su sola fantasmal presencia, los programas de alimentación sana de la secretaría de salud. Si las cosas son como se proponen, a esos es a los que deberíamos alimentar con comida chatarra para que suban un poquito de peso y no anden con el saco como si no lo hubieran sacado del gancho. Nomás les falta el tubo del ropero atravesado arriba de la cabeza.
Pero yo creo que la gordura como la delgadez debieran considerarse dentro de los derechos humanos, cada quien su manteca o su tuétano. ¿A quién le importa que yo esté gordo o flaco?
Cada quien su hambre, debiera ser un apotegma tan válido como los de don Benito Juárez, “el respeto a la gordura ajena es la paz”. ¿Qué madres tiene que andar fijándose la gente en mis llantas, en mis cachetes, en mi papada? ¿Qué derecho tiene el secretario de salud de decidir lo que me como? O como decía aquel anuncio genial: ¡Cómo cómo como… como cómo como!
Yo protesto porque desciendo de una familia de gordos; de lado materno tías y tíos eran gordos, a mi madre Isabel Ochoa en vez de Chabela le decían Chabola y de ahí toda la camada que vivieron el siglo pasado, casi completo porque fueron muy longevos, todos eran obesos, les decían los gordos Ochoa. El que murió más joven lo hizo a los 86 años, y comían todo aquello que, sin calificativo de chatarra, ahora lo prohíben los médicos: carne salada, chicharrones, queso de puerco, longaniza, chorizo, pan de Xico, de Dauzón y de La Providencia, tamales de chile, de dulce y de manteca; guisaban con manteca de cochino y después de comer dormían la siesta tan en serio que se ponían piyama y rezaban: “Con dios me acuesto con dios me levanto y la virgen santa me cubre con su manto” y se sorrajaban diariamente una siesta de una a dos horas, y así vivieron hasta que sus respectivos cónyuges y vástagos les pidieron por favor que ya se decidieran a morirse porque ya estaban desperdiciando el oxígeno que nos tocaba a los miembros más nuevos de la familia.
Y de los flacos ya ni se diga, antes que se inventara la bulimia y la anorexia, tuve parientes a los que hasta a la tuberculosis le daba lástima atacarlos; esos García del lado paterno, todos ososos y desnalgados que parecía que bailaban cuando caminaban, la gente en la calle les estiraba los brazos pensando en que de un momento a otro se iban a caer, y nadie pensó en someterlos a régimen de sabritas, ni chocorroles, ni chicharrón de harina con queso de soya. También vivieron hasta que la familia los arrumbó en el cuarto del traspatio para que no dieran lástimas a las visitas.
La comida en la mesa presidida por el padre de familia, donde se empezaba con la sopa obligatoria, se continuaba con el arroz y después el palto fuerte, para rematar con los frijoles, el postre, el café, el plus café, el puro y la sal de uvas, ya pasó a la historia por muy buena costumbre que haya sido; ahora nos damos de santos que haya padre de familia presidiendo la mesa, y que bueno, por lo regular los padres de familia lo único que producían era indigestión. Pero insisto, ser gordo o flaco debiera ser una garantía constitucional. ¿Quién se puede atribuirse el derecho de opinar respecto a lo que ponemos en nuestro plato?
miércoles, 19 de enero de 2011
¿POR DONDE ANDAR?
De pronto me sorprendo pensando, mientras me acicalo para salir a la calle: ¿Por dónde cojo? Como suele decirse jalapeñamente. ¿Por dónde agarro? ¿Qué rumbo tomo que sea seguro? Y es que ahora nos ha invadido una sensación de inseguridad que se arrastra por todas las calles de Xalapa, desde la principal hasta las goteras de la ciudad. Alguien al momento de los balazos e inmediatamente después y hasta hace ratito, se encargó de propalar la noticia de que el fuego cruzado se dio en Indeco Ánimas, que ahí hay huellas de los tiros en las paredes, vayan a verlos; en Casa Blanca, enfrente del monumento a la madre y la escuela Motolinía, dizque de ahí corrió la persecución a tiros por la avenida Orizaba del fraccionamiento Veracruz, que después se enfrentaron por el rumbo de la Escuela Normal. Puras paparruchas y mentiras según la versión oficial más creíble; pero a juzgar por lo que sí vimos, algo grave pasó a lo que Xalapa no estaba acostumbrada pero que más le vale irse acostumbrando: el viernes por la noche había patrullaje de policías en autos y motocicletas por las calles antes pacíficas y huérfanas de vigilancia; el sábado de quincena hubo apostamiento de uniformados en muchas esquinas del primer cuadro y en los cruceros de más importancia de la ciudad, eso sí lo vi. El domingo parece que se tranquilizó la vigilancia porque todo el fin de semana la gente prefirió no salir a la calle, seguramente ante la duda de ¿por donde coger que sea seguro? El lunes aprovechándose de la zozobra generalizada en la capital y algunas ciudades aledañas, los policías de tránsito de Coatepec, por ejemplo, montaron un retén para detener a cuanto viajante se les antojó revisar y, aprovechando el viaje, al que no llevaba papeles en regla lo amenazaron con la retención del vehículo sin pasar por la infracción ni el apoderamiento de tarjeta de circulación o placa, corralón sin más trámite. Todo para concluir en la consabida y bendita mordida, y si bendita aunque quienes la administren sean unos malditos sinvergüenzas como lo son algunos uniformados destacamentados por tránsito estatal en Coatepec y, en Cardel y, enumere usted el pueblo, ciudad, ranchería o despoblado donde quiera usted que le salga un uniformado a morderlo porque ahí aparecerá y lo morderá. ¿Por donde coger con seguridad sin que se corran riesgos de un levantón, de una bala perdida, de una mordida, de una mentada de madre? Ya no hay donde fuera de casa… bueno, de las mentadas hasta dentro de la casa no está uno zafo.
Xalapa ha perdido eso que hasta antes del sexenio anterior estaba presente: la seguridad ciudadana; y aunque la sensación se agudiza por el momento debido al plomo que flota en el ambiente, es posible que la cuesta descendente hacia la inseguridad se haya venido sintiendo desde que algunos sicarios se atrevieron a secuestrar y matar a tiros a dos padres de familia en pleno centro de la ciudad, a una cuadra de la procuraduría de justicia, delito del que ya no se dice nada y del que los autores posiblemente estén sentados en la butaca del cine junta a usted. Tal vez el pintar de rojo todo lo que era verde, como los taxis, haya sido un mensaje involuntario, subconsciente, cifrado pero cierto conteniendo una advertencia a la que no hicimos caso a su debido tiempo.
¿Por dónde cojo? ¿Saco mi auto o mejor me voy a pié? ¿Me pongo la pistola al cinto, como en los viejos tiempos, o mejor me voy inerme como dios me echo a este mundo? Le expreso esta duda todos los días a mi alma gemela, a mi hermano en quien tengo confianza de que razona con mesura, con meditado cálculo y conocimiento de lo que ocurre allá afuera, y le pregunto: ¿Crees que convenga salir con la pistola fajada? Y por respuesta me hace otra pregunta: ¿De qué calibre es tu pistola? Afirmo orgullosamente: es una Beretta de bolsillo, calibre veinticinco automática de seis tiros… ¡Límale la mira! Me dice con contundencia. Sorprendido le pregunto: ¿Y para que he de limarle la mira? Respuesta rápida: ¡Para que no te duela cuando te la metan por el culo!
Xalapa ha perdido eso que hasta antes del sexenio anterior estaba presente: la seguridad ciudadana; y aunque la sensación se agudiza por el momento debido al plomo que flota en el ambiente, es posible que la cuesta descendente hacia la inseguridad se haya venido sintiendo desde que algunos sicarios se atrevieron a secuestrar y matar a tiros a dos padres de familia en pleno centro de la ciudad, a una cuadra de la procuraduría de justicia, delito del que ya no se dice nada y del que los autores posiblemente estén sentados en la butaca del cine junta a usted. Tal vez el pintar de rojo todo lo que era verde, como los taxis, haya sido un mensaje involuntario, subconsciente, cifrado pero cierto conteniendo una advertencia a la que no hicimos caso a su debido tiempo.
¿Por dónde cojo? ¿Saco mi auto o mejor me voy a pié? ¿Me pongo la pistola al cinto, como en los viejos tiempos, o mejor me voy inerme como dios me echo a este mundo? Le expreso esta duda todos los días a mi alma gemela, a mi hermano en quien tengo confianza de que razona con mesura, con meditado cálculo y conocimiento de lo que ocurre allá afuera, y le pregunto: ¿Crees que convenga salir con la pistola fajada? Y por respuesta me hace otra pregunta: ¿De qué calibre es tu pistola? Afirmo orgullosamente: es una Beretta de bolsillo, calibre veinticinco automática de seis tiros… ¡Límale la mira! Me dice con contundencia. Sorprendido le pregunto: ¿Y para que he de limarle la mira? Respuesta rápida: ¡Para que no te duela cuando te la metan por el culo!
miércoles, 29 de diciembre de 2010
SOBERBIA INCURABLE
Como un simple espectador a distancia a través de los medios de información televisivos, puedo, como muchos, hacerme una idea de las que pasó Diego Fernández de Cevallos durante el tiempo en que desapareció de su ambiente doméstico y, la primera impresión que me asalta es de que no aprendió la lección y que si le quitaron mucho, no fue tanto porque mucho le quedó. ¡Miren ustedes que regresar de un secuestro tan entero, tan campante! manejando su propio “Mercedes” sin que se le atoraran las barbas en el volante, tan echador y perdona vidas, tanto o más que antes de que lo levantaran… Qué digo levantaran, más ya no es posible, diré que lo atraparan para llevarlo a quién sabe dónde por poco más de medio año… A mí algo me dice que esto tiene más cara de farsa que de realidad, que el “secuestro” así entre comillas, ha sido orquestado con propósitos políticos para ganarse los votos de lástima del pueblo que se conmueve con las angustias ajenas, en las próximas elecciones y que si no votara por él votará para donde señale su dedo.
Me remite este “secuestro” a otro que tuvimos hace poco más de tres años aquí en Veracruz con un candidato huasteco que “ganó” una diputación estando cautivo y apareció el mero día de la toma de protesta del cargo, total para qué, si ni legislar supo. Me huele a algo podrido muy parecido al intento de secuestro del gobernador de Oaxaca José Murat Casab. Y cito estos dos clarísimos casos de farsantes irredentos y premiados por el sistema, para apoyar la idea de que los ciudadanos comunes y corrientes somos simples espectadores de una tramoya, de un escenario, de un suceso teatral que no es aislado e increíble, sino muy socorrido a ciertos niveles y esperanzas de poder o de notoriedad, o de autoafirmación o vaya usted a saber que complejos mueven a un aspirante a más, a entrar en un escenario teatral para fijar en sí la vista del respetable.
Diego Fernández de Cevallos debe tener unos testículos tan grandes y barbados como sus cachetes, para afrontar con tanta valentía y soberbia ese pasaje de su vida… de ser cierto; otro cualquiera hubiera regresado humildito, calladito, agachadito. Este se las trae, regresó bendiciendo a dios y a la virgen y no al revés, porque él es mucho más chingón que dios y que la virgen; regresó con la grandeza espiritual de haber perdonado a sus “captores” ¡Que huevos dios mío! Regresó diciendo que continuará haciendo su vida igualito que como la venía haciendo. ¡Si este hombre extraordinario no es un héroe, yo no sé quién puede serlo en este país de secuestradores y secuestrables! Tal vez sepa yo quiénes no son héroes: no son héroes los que todos los días se levantan a enfrentarse con la vida para ganarse el pan honradamente, no son héroes los que reciben la noticia rascándose la cabeza, de que el salario mínimo para 2011 aumentará el 4.1 %, o sea dos pesos con veinte centavos más que el año pasado. No somos héroes los que nos ponemos a temblar con el simple telefonazo de algún maloso diciéndonos falsamente que tienen secuestrada a nuestra hija. Pero… este hombre blanco y barbado al que se le ve la armadura por fuera y por dentro, éste que sus fechorías pasan como golpes de fortuna, éste que soltó más de veinte millones de dólares, más o menos doscientos cincuenta millones de pesos mexicanos con la mano en la cintura, éste que tiene a dios asido por sus benditas barbas, éste es el verdadero héroe a la altura del arte… escénico.
Que me perdonen mis conciudadanos, que me critiquen todo lo que quieran, pero yo no le doy crédito a lo visto y oído en los medios de comunicación, no me lo trago, no puedo, no me baja ni con jugo de naranja como las purgas que me daba mi abuela. Quisiera suponer que lo que nos dieron como primicia noticiosa fue una segunda parte, que la primera no se vio ni se verá y que era de un Diego lloroso y escarmentado, convencido de la urgencia de pedir perdón de todos sus atropellos y trapacerías documentadas a través de los años en los mismos medios que ahora lo escenifican como el protagonista bíblico de la vuelta del hijo pródigo. Tal vez esa escena si me la creyera, pero… ya los captores relatarán la verdad cuando los agarren, si es que los agarran, si es que hubo captores de verdad; que este mundo es una farsa y los farsantes reclaman el aplauso.
Me remite este “secuestro” a otro que tuvimos hace poco más de tres años aquí en Veracruz con un candidato huasteco que “ganó” una diputación estando cautivo y apareció el mero día de la toma de protesta del cargo, total para qué, si ni legislar supo. Me huele a algo podrido muy parecido al intento de secuestro del gobernador de Oaxaca José Murat Casab. Y cito estos dos clarísimos casos de farsantes irredentos y premiados por el sistema, para apoyar la idea de que los ciudadanos comunes y corrientes somos simples espectadores de una tramoya, de un escenario, de un suceso teatral que no es aislado e increíble, sino muy socorrido a ciertos niveles y esperanzas de poder o de notoriedad, o de autoafirmación o vaya usted a saber que complejos mueven a un aspirante a más, a entrar en un escenario teatral para fijar en sí la vista del respetable.
Diego Fernández de Cevallos debe tener unos testículos tan grandes y barbados como sus cachetes, para afrontar con tanta valentía y soberbia ese pasaje de su vida… de ser cierto; otro cualquiera hubiera regresado humildito, calladito, agachadito. Este se las trae, regresó bendiciendo a dios y a la virgen y no al revés, porque él es mucho más chingón que dios y que la virgen; regresó con la grandeza espiritual de haber perdonado a sus “captores” ¡Que huevos dios mío! Regresó diciendo que continuará haciendo su vida igualito que como la venía haciendo. ¡Si este hombre extraordinario no es un héroe, yo no sé quién puede serlo en este país de secuestradores y secuestrables! Tal vez sepa yo quiénes no son héroes: no son héroes los que todos los días se levantan a enfrentarse con la vida para ganarse el pan honradamente, no son héroes los que reciben la noticia rascándose la cabeza, de que el salario mínimo para 2011 aumentará el 4.1 %, o sea dos pesos con veinte centavos más que el año pasado. No somos héroes los que nos ponemos a temblar con el simple telefonazo de algún maloso diciéndonos falsamente que tienen secuestrada a nuestra hija. Pero… este hombre blanco y barbado al que se le ve la armadura por fuera y por dentro, éste que sus fechorías pasan como golpes de fortuna, éste que soltó más de veinte millones de dólares, más o menos doscientos cincuenta millones de pesos mexicanos con la mano en la cintura, éste que tiene a dios asido por sus benditas barbas, éste es el verdadero héroe a la altura del arte… escénico.
Que me perdonen mis conciudadanos, que me critiquen todo lo que quieran, pero yo no le doy crédito a lo visto y oído en los medios de comunicación, no me lo trago, no puedo, no me baja ni con jugo de naranja como las purgas que me daba mi abuela. Quisiera suponer que lo que nos dieron como primicia noticiosa fue una segunda parte, que la primera no se vio ni se verá y que era de un Diego lloroso y escarmentado, convencido de la urgencia de pedir perdón de todos sus atropellos y trapacerías documentadas a través de los años en los mismos medios que ahora lo escenifican como el protagonista bíblico de la vuelta del hijo pródigo. Tal vez esa escena si me la creyera, pero… ya los captores relatarán la verdad cuando los agarren, si es que los agarran, si es que hubo captores de verdad; que este mundo es una farsa y los farsantes reclaman el aplauso.
viernes, 24 de diciembre de 2010
INOCENTES
Cada día me convenzo con más firmeza que a los seres humanos nos gusta vivir a base de mentiras, diciéndolas y escuchándolas. Cuando las decimos por primera vez, tenemos plena conciencia de que estamos faltando a la verdad, pero si tenemos la oportunidad de repetirlas, nosotros mismos dudamos si son verdad o mentira, y si la suerte nos pone en la posibilidad de decir la misma falsedad por tercera vez, ya no dudamos, lo hacemos convencidos de que es una verdad auténtica; de ahí en adelante la afirmamos con tal contundencia, que incluso nos ofende quien duda de la veracidad de lo que decimos y la defendemos a capa y espada. No sé si algún estudioso de la sicología humana haya investigado ya este fenómeno, no lo recuerdo en Freud, mi sicólogo de cabecera, no lo he leído en otros, pero es un asunto de suma importancia por su práctica cotidiana; ya debiera tener un nombre, por ejemplo “el complejo de Constantino”, porque fue este emperador romano el que hizo del mito de Jesús, uno de los cárteles mejor organizados, universalmente aceptado y más lucrativos que recuerde la historia. Y si bien los sicólogos no se han ocupado mucho del asunto, los políticos sí. La política universalmente y, en particular nuestra muy mexicana política se funda en una observación acertadísima que se enuncia así: “Una mentira repetida muchas veces se vuelve verdad”.
Por otra parte nos gusta creer muchas mentiras, algunas tan grandes que se les compara a ruedas de molino. Nuestra afición aprendida desde la infancia, etapa de la vida en que no tenemos más remedio que creernos todo lo que se nos dice, parece que se prolonga hasta muy avanzada edad, de modo que aceptamos sin discusión afirmaciones dogmáticas que con un brevísimo análisis, si nos lo propusiéramos, caerían por su propio peso. Nos gusta sin embargo oír mentiras, cuentos, narraciones increíbles; en ese rango están las leyendas de Harry Potter, los cuentos de Green, las películas Disney, el Quijote de la Mancha y la Biblia, por mencionar algunas; pero estamos dispuestos a aceptarlas como verdades con tanto gusto y a veces con tanta seriedad, que cometemos la paradójica burla de jurar decir la verdad poniendo la mano sobre la Biblia, uno de los libros que contiene más cuentos y falsedades que cualquier novela de ficción.
Creer mentiras es lo que explica la temporada de pre posadas, posadas, nacimientos, santacloses, santos inocentes, prepuciadas, santos reyes y otras zarandajas y paparruchas que recibimos con beneplácito, poniendo cara de inocentes y jugando a ser buenas personas, rascándonos el bolsillo para regalar cosas inútiles a quienes nada les hace falta ¡Falso, todo falso!
Cuando la Ilustración empujó al Oscurantismo al rincón de los desechos y la ciencia buscadora de la verdad se enseñoreó sobre la tierra, no faltaron los pseudocientíficos que por una paga trataron de darle credibilidad a las grandes mentiras en que la religión había sostenido por siglos su hegemonía; así nacieron explicaciones “científicas” de la separación de las aguas del mar rojo; de la detención del sol en el cielo para darle la victoria a los elegidos de dios; de la “autenticidad” de la sábana santa, de la durabilidad del ayate de Juan Diego; en fin, hubo científico (Leo Alletius) que comprometió su honorabilidad redactando un iluminado ensayo (De Preaputio Domini Nostri Jesu Cristi Diatriba) sosteniendo que el anillo de Saturno era ni más ni menos que el prepucio de Cristo elevado a las alturas al mismo tiempo que la asunción general.
Para mi sigue siendo una crueldad mental engañar a los niños con Papá Noel o Santa Claus o como se quiera llamar a ese viejo que le gusta el hollín; me parece repugnante mentir con la mayor desvergüenza respecto a la supuesta venida de los santos reyes a traerle regalos a los niños que se portan bien. Los padres no tienen idea del daño que causan a los niños enseñándolos a creer mentiras tan grandes; de hecho los preparan para ser dóciles receptores de los gobiernos mentirosos y las religiones dogmáticas y absurdas.En los niños crédulos es entre los que Marcial Maciel y otros como él, encontraron las víctimas propicias para sus fechorías. Amén.
Por otra parte nos gusta creer muchas mentiras, algunas tan grandes que se les compara a ruedas de molino. Nuestra afición aprendida desde la infancia, etapa de la vida en que no tenemos más remedio que creernos todo lo que se nos dice, parece que se prolonga hasta muy avanzada edad, de modo que aceptamos sin discusión afirmaciones dogmáticas que con un brevísimo análisis, si nos lo propusiéramos, caerían por su propio peso. Nos gusta sin embargo oír mentiras, cuentos, narraciones increíbles; en ese rango están las leyendas de Harry Potter, los cuentos de Green, las películas Disney, el Quijote de la Mancha y la Biblia, por mencionar algunas; pero estamos dispuestos a aceptarlas como verdades con tanto gusto y a veces con tanta seriedad, que cometemos la paradójica burla de jurar decir la verdad poniendo la mano sobre la Biblia, uno de los libros que contiene más cuentos y falsedades que cualquier novela de ficción.
Creer mentiras es lo que explica la temporada de pre posadas, posadas, nacimientos, santacloses, santos inocentes, prepuciadas, santos reyes y otras zarandajas y paparruchas que recibimos con beneplácito, poniendo cara de inocentes y jugando a ser buenas personas, rascándonos el bolsillo para regalar cosas inútiles a quienes nada les hace falta ¡Falso, todo falso!
Cuando la Ilustración empujó al Oscurantismo al rincón de los desechos y la ciencia buscadora de la verdad se enseñoreó sobre la tierra, no faltaron los pseudocientíficos que por una paga trataron de darle credibilidad a las grandes mentiras en que la religión había sostenido por siglos su hegemonía; así nacieron explicaciones “científicas” de la separación de las aguas del mar rojo; de la detención del sol en el cielo para darle la victoria a los elegidos de dios; de la “autenticidad” de la sábana santa, de la durabilidad del ayate de Juan Diego; en fin, hubo científico (Leo Alletius) que comprometió su honorabilidad redactando un iluminado ensayo (De Preaputio Domini Nostri Jesu Cristi Diatriba) sosteniendo que el anillo de Saturno era ni más ni menos que el prepucio de Cristo elevado a las alturas al mismo tiempo que la asunción general.
Para mi sigue siendo una crueldad mental engañar a los niños con Papá Noel o Santa Claus o como se quiera llamar a ese viejo que le gusta el hollín; me parece repugnante mentir con la mayor desvergüenza respecto a la supuesta venida de los santos reyes a traerle regalos a los niños que se portan bien. Los padres no tienen idea del daño que causan a los niños enseñándolos a creer mentiras tan grandes; de hecho los preparan para ser dóciles receptores de los gobiernos mentirosos y las religiones dogmáticas y absurdas.En los niños crédulos es entre los que Marcial Maciel y otros como él, encontraron las víctimas propicias para sus fechorías. Amén.
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