martes, 23 de agosto de 2011

TEOREMA INTRAMUSCULAR

Abordemos ahora el peliagudo tema de las nalgas como centro de salud; por esta ocasión como una monografía, a pesar de que el objeto de nuestra investigación siempre se presenta en pareja. Y bien, propongamos el siguiente teorema: La jeringa es a la nalga lo que la oración a los santos.
La salud ha sido preocupación de la humanidad desde siempre; pero el desconocimiento de las causas de las enfermedades, le llevó a dar características mágicas a los padecimientos y a buscar la salud en embrujos, danzas curativas, retablos, rezos, milagros; hasta que apareció la jeringa; sin olvidar que se pasó por etapas de pócimas, emplastos, ventosas, sanguijuelas, etc. Hasta cierta época lo que más se aproximó a la inyección fue la lavativa, que si bien ya andaba mejor orientada, tenía la falla de ir demasiado al centro del problema, generando con ello el rechazo de quienes por razones masculinas que otras, prefirieron esperar el avance de la medicina para acceder a la salud mediante métodos menos ofensivos a la hombría de bien.
Así pues, con el invento de la jeringa, la nalga se convirtió en el punto más eficaz por donde podía llegar la salud al resto del cuerpo. La dualidad Nalga-Jeringa se hizo inseparable para todo galeno o boticario que procurase una pronta recuperación. La medicina administrada por esa vía recibió el nombre de intramuscular. Pero, comentario al canto, dicho nombre es incorrecto según nuevos descubrimientos, pues si la nalga sirve para las inyecciones, es precisamente en razón de que está conformada por gran cantidad de tejido adiposo que le hace blanda y mullida, cualidades indispensables para que la aguja no encuentre obstáculos y las sustancias curativas puedan ser inyectadas con fluidez. De ahí la equivocación de llamar intramuscular a algo que no tiene nada que ver con los músculos, sino por lo contrario, requiere de mantequita para que resbale bonito. Los hechos apoyan nuestras afirmaciones: se sabe que el campeón rompedor de agujas y jeringas es el musculoso ex artista, ex terminator y ex gobernador, Arnold Schwarzenegger, protagonista principal de Connan el Bárbaro, quien con la mínima apretada nalgar le basta para hacer pedacitos el adminículo de que hablamos. El segundo lugar lo tiene Silvester Stallone más conocido como Rambo I, II, III, IV, V, hasta LXXIV; estos dos casos han demostrado sin lugar a dudas que el músculo es un impedimento y no una vía adecuada; en cambio la miel sobre hojuelas para las inyecciones, es nada menos que Jennifer López, por lo que en honor a la verdad científica, proponemos aquí mismo se cambie el nombre y en lo sucesivo se le llame vía jenniferina; aunque, si hubiere de su parte alguna oposición, podríamos pedir el madrinazgo de Shakira para llamar a esa vía shakirina, aunque yo no lo recomendaría mucho en función de que esta última se mueve demasiado, lo que requeriría de mucho pulso y puntería.
Es necesario resaltar el aspecto jurídico, político (de política internacional) y ético de la dualidad jeringa-nalga, pues en cuanto la jeringa se independizó de la nalga y se introdujo en la vena, comenzaron los problemas de la drogadicción; es decir, se puso en peligro la salud pública. ¿Qué persona decente se inyectaría droga en la nalga? , ninguna. En este aspecto los glúteos conservan su ética tradicional; lo mismo puede decirse del aspecto político y otro tanto del derecho… como del izquierdo.
Una nueva corriente científica le ha pretendido negar importancia a la nalga como centro de salud, proponiendo que las inyecciones se apliquen en el brazo, y se sabe que incluso ciertas vacunas antirrábicas se aplican en la barriga. Posiblemente por eso se llaman anti-rrábicas: contrarias al rabo. Afortunadamente la práctica no se ha universalizado; la zona glútea sigue y seguirá siendo el centro de salud por excelencia.

jueves, 18 de agosto de 2011

DECREPITUD

Nos informa la directora de Asistencia del DIF, que en Veracruz hay más de ochocientos mil viejos. Yo me cuento entre ellos, tratando de conservar los valores de la vida: que sea sana, placentera, útil, autosustentable, programable y digna.
Por razones intelectuales y frías, no apruebo las vidas matusalénicas. Mire usted que vivir 969 años, no es ninguna proeza, todo lo contrario es una vergüenza, un atentado a la naturaleza, a la verdad, al buen vivir, a la sociedad y a las buenas costumbres.
De Matusalén, decano de los ancianos, la Biblia da noticia a medias, sólo dice que vivió todo ese tiempo, que fue hijo de Enoc, y que a los 187 años concibió a Lamec y a otros y otras. No dice en qué año nació, ni de que tamaño eran los años que vivió, no dice a qué edad entró a la adolescencia, ni si era “traga años”, aunque pueda inferirse que si lo era, tampoco nos cuenta a qué edad dio “el viejazo”, aunque es de suponerse que para llegar a casi mil años, es posible que hubiera dado, no uno, sino varios viejazos. De lo poco dicho por la Biblia, se infiere que murió en el año del diluvio, del cual tampoco se tiene fecha precisa; pero aquí también se puede colegir que muy posiblemente no murió de muerte natural, sino ahogado, pues en lo que se cuenta de su nieto Noé, por ningún lado aparece que entre las parejas de animales y personas hubiera andado el vejestorio Matusalén. El capítulo siete del Génesis da cuenta precisa de que quienes subieron al arca, fueron los hijos del profeta: Sem, Chám y Japhet, la mamá de ellos y sus mujeres. Aparte el hato de animales aparejados de la escala zoológica, de changos para abajo, hasta llegar al comején, que según Virulo se encargaría de no dejar rastros de la ahora tan buscada arca. La larga vida de Matusalén está por escribirse, para enmendarle la plana a la Biblia.
En nuestra cultura occidental llegamos a viejos sufrientes, inútiles, atenidos e indignantes, porque la religión que profesamos y la ética que entendemos, nos impide programar nuestra propia muerte antes de comenzar a sufrir los embates de la decrepitud. Creo que ya lo he dicho antes: a pesar de que en este siglo XXI ya estamos preparados para ello, a nadie se nos ocurre que la muerte puede tomarse como decisión personal, todo lo contrario, le dejamos esa decisión absurdamente a un ser (¿?) distinto a nosotros, porque nos asusta enfrentarnos con la voluntad personalísima de morir. La subrogación de nuestra voluntad, nos coloca en una tristísima espera, tan incierta como estúpida, de modo que la impaciencia, también pasa a formar parte del bagaje de la ancianidad, con ella llega la lástima y la caridad. Los programas oficiales de ayuda a los viejos, están precisamente movidos por esas dos emociones humanas, lástima y caridad.
Como dije al principio, la buena vida debe tener ciertas condiciones: debe ser sana. La salud, todo mundo lo dice, es un valor importantísimo, prioritario incluso frente al dinero: “La salud es lo importante, el dinero va y viene” lo repite la sociedad a cada paso; pero así como la juventud se asocia con la salud, la vejez se asocia con las enfermedades y los achaques. También se dice en tono de humor: “Al que después de los sesenta no le duele algo, es que está muerto”. El dolor y el sufrimiento son los indicadores pues, de que tiene uno que comenzar a enfriarse para salir a la intemperie de la muerte. A veces el sufrimiento es tan intenso que sólo lo alivia la defunción, sin embargo, las viejas leyes vigentes pero obsoletas, siguen castigando a quien se adelanta a la voluntad de Dios. Esta reminiscencia jurídica debe revisarse. Nadie es feliz si no está sano. Creo que cuando la vida comienza a padecerse en vez de disfrutarse, es el momento de tomar la medida más digna y generosa: dejar de respirar.
La vida debe ser útil, tanto para el que la vive, como para los demás, desde luego que la vivimos en sociedad y nos debemos al prójimo, pero la vejez tiene como condición la pérdida de la utilidad; primero dejamos de ser útiles socialmente, después pasamos a ser un estorbo familiar y finalmente la vejez nos convierte en seres dependientes, inútiles y atenidos a quienes, por la caridad y la lástima, ya dichas, a regañadientes nos cuidan mientras esperan tontamente la decisión de quien sabe quién.
La noticia de que en Veracruz tiene registrados más de ochocientos mil ancianos, está dada con preocupación, muy explicable. ¿Qué hacer con ellos? A nadie se le ocurre que el gasto en su atención es prioritario. Son gente que ya rindió, que no va a producir más, que representa echar dinero en saco roto porque ya nomás están esperando la muerte, ya no sirven para otra cosa. Todo eso es cierto, la sociedad en que vivimos requiere dinamismo, empuje y ligereza, los viejos somos el lastre, pero la solución no está en institucionalizar el aumento de la edad de jubilación, sino en adelantar una honrosa, feliz y voluntaria defunción.

viernes, 12 de agosto de 2011

ARAUCARIA

Cuentan que en el año de 1771, un naturalista, viajero, llamado Joseph Banks, (1743-1820) pasó por la isla, aún sin nombre, que poco después se llamaría Norfolk, ubicada al oriente de Australia, donde vio por primera vez un árbol endémico al que, de momento llamó “pino australiano”. Lo registró, recogió sus semillas y se encargó de cultivarlo e introducirlo en el acervo botánico del mundo occidental. Por la misma época estuvo en Brasil y Chile, en donde también registró para la botánica a la preciosa buganvilia. Este científico, descubrió entonces, que en el hemisferio sur de América, crecía un árbol de la misma especie del que había visto en Norfolk, y que era un fósil viviente; los mapuches, nativos del cono sur le llamaban “Pehuén”, ellos se auto nombraban pehuenches, (dueños del pehuén), pero por la región en que se daba esa planta (Arauco), se le dio el nombre de araucaria. Posteriormente los científicos se encargaron de ordenarlo en una familia distinta al pino. Se dijo de él que era el árbol más bonito del planeta, lo que no obstaculizó su usó para hacer mástiles de los barcos de la armada británica que en aquel entonces surcaba los mares, en expediciones científicas, de conquista y de colonización. Como siempre, la explotación no sustentable llevó al árbol hasta el borde de la extinción.
Dato técnico: Género: conífera. Familia: araucariaceae. 19 especies en el género, distribuidos en el hemisferio austral. En América subsiste en Patagonia, Argentina y Chile… y Xalapa en el hemisferio norte. Dicho sea con humildad. Son de especie “dioica” es decir, hay árboles machos que florecen, y árboles hembra que dan los frutos: grandes piñas de semilla comestible. En la jardinería con propósitos de ornato público, deben usarse los árboles machos, porque las piñas de reproducción caen pesadamente en el verano, siendo peligrosas pues suelen pesar más de uno o dos kilos, y caer de alturas que pueden sobrepasar los quince metros. Son de lento desarrollo y suelen vivir cientos de años. La araucaria del mercado Alcalde y García, era machito.
Alrededor del año 1890 el embajador de Chile en México, le trajo de regalo a don Porfirio un cargamento de araucarias transportadas por mar desde su país. Posiblemente fueron las primeras que hayan llegado a México. De aquellas araucarias algunas subsisten en la Plaza de la Corregidora en la ciudad de Querétaro; otras en el Parque Juárez de Xalapa, inaugurado en 1892 para celebrar el 400 aniversario del primer viaje de Cristóbal Colón, y otras más en los atrios de varias iglesias jalapeñas. Recuerdo la que estaba en el patio de ingreso de la escuela Revolución, junto al templo de “El Calvario”, que antaño fuera atrio de esa iglesia. A esa araucaria le cayó un rayo, en tiempos de Chirinos, y se secó, siendo substituida, por otra pequeña sembrada por los niños, asistidos por maestros y viejos egresados de ese añoso plantel. Me tocó vivir con gran alegría ese momento y la anécdota, cuando el pequeño encargado de poner la peaña en el agujero hecho ex profeso, se volvió con cara de duda hacia otro niño para preguntarle cómo se sembraba, y el interpelado, después de pensarlo unos segundos le contestó: “pus con lo verde para arriba”. Técnica simple que, obviamente, usó también Sebastián en tiempos de tío Fide, solo que a mayor precio.
La otra araucaria de las traídas por el embajador chileno, estaba en lo que fuera el atrio del templo de San José; con el tiempo convertido en plazuela del mercado Alcalde y García. Ese árbol de más de cien años, acaba de ser victimado por el ayuntamiento de Xalapa que, ignorante de los valores históricos que la ciudadanía incautamente ha puesto en sus manos, ha mandado a asesinar y, con él un siglo de historia humana, si no contamos la historia de la especie en vías de extinción, que desde el cretácico se afana y ufana de haber creado el árbol más bello del planeta.
Neruda cantó: (fragmento)
“Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria”.

martes, 26 de julio de 2011

OPACIDAD

El pueblo veracruzano es, sin temor a equivocarme, chismoso por naturaleza, no se explica de otro modo la proliferación de periódicos, de papel, virtuales, decanos, frescos, de larga vida y de sólo un número. Los “medios de comunicación” crecen aquí como hongos en la humedad y del mismo modo se extinguen; muchos reciben el abono vivificante del Estado, otros no lo logran y mueren por inanición. A la mayoría los sostiene la nota roja y la nota política, lo demás es noticia de segundo renglón, en éste están los “sociales” y las ofertas que cumplen una función azas de mayor importancia que las demás secciones. Hay sin embargo una sección de noticias que resultan ser las más lucrativas: las que no aparecen, o mejor dicho, las que los medios pasan por alto por una de dos razones: porque han cobrado bien su ocultamiento, o porque el mismo medio periodístico ha sido amenazado si apareciera alguna nota referida a tal o cual suceso. El vacío de información se nota porque los chismosos profesionales tenemos ahora las “redes sociales” que nos mantienen al día, de los sucesos que van ocurriendo y la prensa calla. Quizá la credibilidad de esas noticias sea dudosa, pues quien las genera no es especialista del periodismo, no obstante son dignas de tomarse en cuenta las que provienen de testigos presenciales, quienes sufrieron en carne propia el acordonamiento de una zona, o el ataque de la delincuencia en pleno centro de la ciudad o en algún cementerio de administración privada, aunque la psicología nos enseña que la mayoría de las personas que se encuentran en una situación inusitada son propensos a exagerar para concederle mayor importancia al hecho o a su presencia en él. Cuando alguna de esas noticias se difunde de manera incontrolada en el momento en que ocurren y de modo parcial, el impulso de todo buen chismoso es buscar el complemento de la información y, cuando no se encuentra en ningún medio, salta la sospecha de que está siendo apagada por alguna inconfesable razón; es el caso de el desaguisado que el domingo anterior ocurrió en la plaza de las Américas en Xalapa y del que, de no ser por vía de teléfonos celulares entre amigos, por donde corrió la advertencia de no acercarse a esa zona, ningún chismoso profesional se hubiera enterado, porque después de lo sucedido, ha habido un extraño ocultamiento de los pormenores del asunto. El fenómeno no es único, así como ese ha ocurrido otros hechos que de no ser por los “lavaderos” del ciberespacio, pasarían en medio de la neblina que, con dinero o amenazas, se apaga y se oculta. No sería tema de reflexión esto tan frecuente y viejo, si no fuera porque ahora existe una ley que concede a los ciudadanos el derecho de estar informados y de reclamar su cumplimiento, el chisme como garantía social, ni más ni menos, porque el hecho de que estemos enterados o no, no genera ninguna consecuencia, salvo la de permitir que los ciudadanos estemos advertidos de por donde sí y por donde no podemos andar con seguridad. Pero bueno, ya que el Estado se ha echado a cuestas la tarea de garantizar el cumplimiento de los derechos ciudadanos, poniendo el chisme al alcance de todo aquel que sepa leer y escribir, muy correcto es pedir de la manera más respetuosa, porque oficialmente no hay vía, que nos digan ¿qué madres está pasando aquí? ¿A dónde podemos ir sin riesgos? Y bueno, todo este reclamo, basado en la concesión a la autoridad de que nos va a decir la verdad de lo que está ocurriendo, porque finalmente, tendremos que darle un voto de confianza a reserva de que se lo merezcan o no, porque de todas maneras la duda es la que inquieta, que las verdades aunque sea crueles se asumen.
Al inicio de las vacaciones de verano, unos amigos me invitaron a Cuernavaca; decliné la invitación por considerar que la inseguridad que vive esa ciudad, no me garantizaba regresar a mi querido Estado sano y salvo; a las dos semanas, mirando lo que está sucediendo acá, me asaltó la duda… y menos mal que fue solo la duda la que me asaltó: ¿No estaría yo acaso más seguro en Cuernavaca?

lunes, 11 de julio de 2011

PALIACATE

Los jarochos hemos vivido orgullosamente engañados, con el paliacate al cuello y creyendo dogmáticamente que se trata de un invento veracruzano, que sólo nosotros lo usamos para todo. En efecto, el paliacate es aquí toda una institución que ha servido tanto, para sonarse los mocos, como para detener el sudor que fluye de la cabeza, cuando nos lo atamos en el cuello, como aquel famoso candidato a gobernador, don Fernando Gutiérrez Barrios, que lo convirtió en una divisa de campaña, aunque, una vez habiendo ganado, jamás lo volvió a usar. Pero aunque me apene arrojar una pequeña mancha en la inmaculada ignorancia de algunos de mis lectores, les comunicaré algo que yo tampoco sabía hasta ayer que, buscando otra cosa, me topé de chiripa con el origen de tan útil trapito.
Hay tres versiones en un documento cibernético denominado Etimologías de Chile, todas complementarias, no contradictorias, aunque lo parezcan a primera vista, la primera dice: que los portugueses fundaron un puesto comercial al sur de la India en el año de 1502, en un lugar denominado Palicat. Hoy en día se llama Pulicat en el Estado de Tamil Nadu, antes llamado Madrás. Una de las actividades económicas del lugar era la producción de pañuelos muy coloridos, a los que se les llamó precisamente “pañuelos de Pulicat” que con el uso se fue deformando hasta quedar en Paliacat y finalmente Paliacate. Los franceses los llamaron mouchoirs de Paliacate y, handkerchiefs from Paliacate los ingleses. Hay varias referencias de este producto en documentos del siglo XVIII en los idiomas mencionados; el informante de Wikipedia que ofrece su versión, hace notar que los diseños estampados en esos pañuelos, son evidentemente indios, pero de la India, de ninguna manera mexicanos. Cuenta que en el siglo XVII había en el puerto de Paliacat un millar de telares produciendo esos pañuelos entre otros productos, los que fueron distribuidos por todo el mundo por los comerciantes de la época.
La segunda versión, es del Diccionario de la Real Academia española de la Lengua y dice que: se trata de un hibridismo de castellano y náhuatl: Pa, apócope de para y yacatl que se traduce por nariz, o sea: para la nariz, y la tercera versión del mismo origen dice que se trata de dos palabras nahuas: Pal que equivale a color y yacatl, nariz. De todas maneras, estas versiones idiomáticas poco afortunadas, no contradicen el origen hindú del tan sonado pañuelo.
Y si bien el origen del paliacate no es jarocho ni mexicano como creíamos, no todo está perdido, seguramente el uso que se le ha dado en estas tierras de la luna de plata, si es exclusivo: Mire usted que usarlo como ya comentamos que hizo el caballeroso Gutiérrez Barrios, para lograr la identificación de rumbero y jarocho, trovador de veras, que logró sólo porque aquí y entonces nadie sospechaba que el adminículo venía de Cachemira y no de Chacaltianguis como lo creíamos todos equivocadamente. Un segundo uso particular es el de atarlo al cuello a efecto de que la churria y los metlapiles de mugre de la nuca y el pescuezo, no manchen la blanca tela de la guayabera, de ese modo la prenda alforzada aguanta dos puestas o más, y otro uso que definitivamente no he visto hacer en otras latitudes, es el tirarlo al suelo y anudarlo con los pies mientras se baila La Bamba, El Colas, u otro son jarocho que exige de los caballeros ser muy competente con el botín, y de las damas con el chapín. Quiero finalmente, en honor al paliacate, sea de donde sea, decir que es una gloriosa institución, que un jarocho sin paliacate es como un Supermán sin capa, como un El Santo sin máscara, o sea que no vale para maldita la cosa y que, un buen jarocho debe traer dos o tres paliacates cuando menos, uno anudado al cuello, otro para limpiarse el sudor de la frente y cabeza, quitándose el sombrero de cuatro pedradas por supuesto, y otro para limpiarse los mocos; este último no debe usarse para darse un limpión, porque como dice Margarito Ledesma, el poeta de Chamacuero de Comonfort: “las materias y sustancias escurridizas y los humores narizales se resecan en el pañuelo después de que uno se suena, y se ponen tan duros y resistentes como pedazos de vidrio, y de allí vienen los rayones y las tasajeadas y las sacadas de sangre”.

domingo, 5 de junio de 2011

QUE TU MANO IZQUIERDA...

Un santón anacoreta
Alejado del bullicio
Adquirió el bendito vicio
De hojear la Biblia completa,
Supo así el analfabeta
De la necia moraleja
Que tontamente aconseja
Que la izquierda no se entere
Lo que la derecha hiciere
Y obedeció la conseja.

Puso los brazos en cruz
Sin juntar mano con mano
Y de ese modo el fulano
De Dios creyó hallar la luz,
No se rascaba el testuz
Y ni se limpiaba el ano
Por temor a que una mano
Supiera qué hacía la otra
Y cayera en la derrota
Del pecado más profano.

Rezaba mustio y contrito,
Triste dormía y despertaba
Y si un mosco lo picaba
Ni aplaudir podía el bendito,
De sufrir ya estaba ahíto
Pero limpio de pecado
Y al sentirse perdonado
Lo acometió una insolencia
Que amenazó su inocencia
De color inmaculado.

Involuntaria erección
Lo pilló medio dormido
Y entre sueños y afligido
No ha atinado a otra reacción
Que cambiar de posición
Y abriéndose la bragueta
Olvidó de anacoreta
Su insufrible condición
Y a dos manos, con fruición
Se ha tejido una puñeta.

sábado, 4 de junio de 2011

¿FUMAR ES UN PLACER?

“Dios nos dio los pulmones para respirar aire, no humo, pendejo”. Me dijo mi padre el día que me sorprendió fumando, y añadió:- “Si Dios hubiera querido que respiraras agua te hubiera puesto agallas y serías un pinche guachinango, y si hubiera querido que respiraras humo te hubiera puesto un chacuaco en vez de gañote y serías una ladrillera de Chavarrillo”… y me repitió el calificativo para rematar la frase. Tenía yo doce años cuando ocurrió esto y, por la elocuencia de la frase, o quizá por la autoridad que ejercía mi padre, no adquirí el vicio. Ahora que en esta semana se ha celebrado el día mundial de no fumar, recuerdo el suceso con gratitud y cariño hacia ese hombre inteligente que, en el momento más oportuno, me convenció de que fumar era una acción de tontos.
No puedo negar que algunas veces, ya siendo adulto, volví a fumar llevado por el mal ejemplo de algunos compañeros de escuela y de juerga; en las noches bohemias donde en torno de una mesa se decían poemas, se cantaban canciones y se bebían vinillos espirituosos, no podían faltar los cigarrillos; me daba tono sentarme frente al piano con una copa de coñac y un cigarro en la boca al estilo de Agustín Lara, y echarle humo y sentimiento a los ya viejos, para entonces, boleros del músico-poeta. Pero las crudas de tabaco me resultaban peores que las de alcohol y, juntas, ¡no te digo! Eran ni más ni menos una convalecencia de trasplante de corazón.
El segundo consejo sabio respecto al vicio del cigarro, se lo oí también a mi padre, dirigido a un sobrino de él, primo mío, sobre el que no tenía autoridad; le dijo: “Si no puedes dejar el vicio de fumar, deja el vicio de comprar, así sólo fumarás cuando tengas a cerca a un pendejo a quien gorrearle los cigarros, eso no ayuda a los pulmones, pero si a la cartera”. Ese consejo era el complemento del primero. La intuición de ese hombre inteligente que jamás fumó, había descubierto lo que los estudiosos de la conducta humana confirmaron después, que fumar es un uso social, como el brindar con bebidas alcohólicas, que tienen un porqué en reuniones sociales, pero que su práctica en solitario, acusa un desequilibrio de la personalidad. Hay quienes fuman porque no saben qué hacer con las manos, el origen de la acción compulsiva es el mismo del que se truena los dedos cuando no tiene las manos ocupadas, o mueve involuntariamente las piernas cuando pretende tener un rato de reposo. Quien lo hace, seguramente ha sido un hijo maltratado y reprimido.
Conozco fumadores que encienden un nuevo cigarrillo con la colilla del que se han quitado de la boca, son los que tienen los dientes amarillos por la nicotina del tabaco, si usan bigote también lo tienen teñido de alquitranes y les hiede el aliento a florero de panteón. También se de algunos y algunas que si no fuman después de los alimentos y después del coito, no sienten que comieron ni que cogieron… Esos, para mi gusto, si están graves, porque las reglas de la higiene moderna recomiendan que sin perder tiempo, después de comer debe uno pararse a caminar, y después de follar debe uno correr al baño a ducharse el aparato, y no entretenerse en desabrocharse el cinturón, eructar y fumarse un habano con toda la parsimonia que antiguamente exigían los usos de la buena mesa y de la buena cama, que finalmente han devenido en malas costumbres.
Tuve la suerte de estar presente en la sesión de la cámara de senadores, donde se discutió la reforma sobre la ley de salud, prohibiendo fumar; fue, si mal no recuerdo, la última sesión de la LVII legislatura. Los debates se centraron: a favor con el argumento de que el tabaquismo es nocivo para la salud de quien fuma, tanto como para quien está cerca del fumador. Los argumentos en contra se apoyaron en el derecho de cada uno de hacer lo que se le antoje, como garantía constitucional. Para estos últimos el asunto se veía como un problema de salud personal, para los otros era un asunto de salud pública. Seguramente ambas posturas son ciertas: fumar es un acto personal como el suicidio de a poco a poco, que debiera respetarse, siempre y cuando el suicida antes de apuntarse a la sien, no aviente bala a su alrededor indiscriminadamente, que es ni más ni menos lo que hacen los que fuman en público.