martes, 26 de octubre de 2010

¿MIEDO?

El miedo es un sentimiento de inquietud, experimentado en presencia de un peligro real, o ante la idea de un peligro vital. Los sicoanalistas distinguen claramente el miedo de la angustia. El primero es la reacción normal ante un peligro cierto; la segunda se refiere a un miedo sin objeto, es la vaga impresión de correr un riesgo indefinido, ante sus propias pulsiones. Dicho de otro modo, la angustia es un miedo irracional, una inquietud extrema, incontrolable, ante la cual el individuo se siente impotente, inerme.
La primera reacción ante ese peligro supuesto es muy típica: palpitaciones cardiacas, sudor, temblores, erizamiento del vello de cabeza y brazos, visión confusa o generación de visiones o audiciones indefinibles o imprecisas. Otras reacciones más graves pueden ser la compulsión de huida, o lo contrario el desvanecimiento, y otras más el descontrol de los esfínteres o la detención del ritmo cardiaco. Todas estas reacciones son conocidas y, tanto que las usamos frecuentemente para definir las dimensiones de un terror: “temblar de miedo”, “parársele los pelos” “orinarse de miedo”, “cagarse de miedo”, “morirse de miedo”. En todas estas expresiones populares, se está dando indistintamente el nombre de miedo a lo que puede ser una angustia, de acuerdo a la distinción que arriba se ha hecho.
Y bien, el miedo a la muerte es normal; el miedo a los muertos además de ser una angustia, es una soberana tontería. Para que ese sentimiento angustioso se presente en una persona, tuvo que haberle sido sembrado en la educación formativa, esto es, debieron haber sido los padres o quienes informaron al educando los que le enseñaron como verdad mitos y terrores falsos. Esto regularmente se hace para controlar la conducta de los niños. El miedo a la oscuridad, la presencia de seres fantasmales durante la noche o en lugares determinados, ha sido durante milenios el recurso de los más listos para controlar a los más crédulos.
Una de las semillas de la angustia está en la creencia del alma, equivalente a la sobrevivencia de los muertos que van a un lugar de donde pueden volver a su antojo, o con el permiso de otro ser fantasmal que es El Dios Supremo; quien acepta esto sin pasarlo por el análisis inteligente, es un típico paciente de la angustia, y será el que no se aventurará a la obscuridad de la noche, ni a la soledad de un cementerio, y el simple aislamiento, aún diurno, le causará desazón que lo pueden llevar a sudar, temblar, erizarse, oír ruidos extraños e incluso a tener visiones fantasmales.
El primer fantasma que inventó la humanidad es Dios, siempre invisible pero siempre presente, omnipotente, omnisapiente, omnividente, y todos los omnis que se quieran agregar.
Dicen que ese no da miedo, pero ya quisiera yo ver los calzones de aquellos que han dicho que se les ha aparecido.
Mientras dios era irrepresentable, seguramente no hubo terrores ni angustias, pero los humanos crearon pequeños habitantes fantasmales de los bosques y de las aguas y de todos aquellos lugares a donde los mayores no querían que se aventuraran los menores ni las mujeres; así nacieron las ninfas, las sirenas, los gnomos y los faunos. Pan era el habitante de los bosques que violaba doncellas, mitad humano y mitad cabrón, dio nombre a un tipo de miedo profundo: el pánico. La angustia de las vírgenes.
Para nuestro consumo, tenemos que saber que, cuando la Iglesia instituyó el cielo y el infierno como terminales del carrito de la vida, cosa que empató muy bien con el Mictlan mexicano, instituyeron con ello la angustia por la presencia de los viajeros que van y vienen a este minúsculo planeta perdido entre galaxias, como una estación de paso entre la vida, la muerte y otras regiones que sólo siendo ectoplasma se pueden visitar.
Como buena administradora de los mitos la religión se apoderó durante cientos de años de los camposantos que son la sala de espera del aeropuerto que conduce al cielo y puntos intermedios, al infierno no, porque los que morían sin boleto o sea en pecado, no podían pasar a la sala de espera, no eran enterrados en sagrado, sino en cualquier baldío donde los podía trillar el ganado, como dice la canción. Esta institución milenaria, fue pues, la que en plan lucrativo, se encargó de difundir la angustia de la muerte.
La literatura se encargó de arrojar otros palos a la hoguera: los fantasmas forman parte de los personajes teatrales de Zorrilla en el Juan Tenorio, de Shakespeare en Macbeth; La Divina Comedia de Dante Alighieri es todo un periplo de su alma guiada por Virgilio por todos los recovecos del infierno. En la actualidad la cuasi literatura difundida masivamente por televisión, cine y mercadeo de temporada, sigue haciendo el lucrativo negocio de ganar dinero metiéndole miedo a los niños que por suerte cada vez son más listos y se espantan menos con lo que antes nos espantaban las abuelas. Las posesiones satánicas, los vampiros, los descabezados ambulantes y ecuestres (porque hay de otros de verdad), los muñecos asesinos, las momias deshilachadas dejando las vendas a su paso, los santos milagrosos e intercesores, la magia protectora de la cruz contra los vampiros y otras paparruchas, siguen alimentando el miedo irreflexivo de los crédulos. La angustia del prójimo siempre ha sido un negocio explotable que permite grandes utilidades.

jueves, 21 de octubre de 2010

GAMBORIMBOLOGÍA

Gamborimbo es un neologismo, la palabra no existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, apenas hoy, al iniciar este escrito, la he agregado a mi diccionario particular del ordenador que manejo, a fin de que no se me manche la foja de subrayados rojos. Sin embargo no es desconocida la palabra ni su significado: la han usado mucho los dibujantes o moneros Jis y Trino, quienes han creado un personaje conocido como “Gamborimbo Ponx” entre otros surgidos de su mentalidad escatológica que ineludiblemente mueve a risa.
Referido a lo mismo he oído usar la palabra semejante: Gamborino, pero investigando el término he encontrado que es un apellido muy bien y orgullosamente llevado por un abogado español especialista en transporte, y en el siglo XIX existió un grabador madrileño llamado Miguel Gamborino, que dejó a la posteridad un trabajo digno de considerarse patrimonio universal, y al que seguramente hemos tenido acceso, sin reparar siquiera en la autoría de ese extraordinario artista. Por estas razones nos quedaremos con la palabra Gamborimbo para nuestro ensayo.
El Gamborimbo o los gamborimbos en plural, son esos pequeños grumos de vellos enrollados en el papel higiénico que se quedan imperceptiblemente adheridos a la comba de los glúteos, después de la acostumbrada limpieza anal. No quiero explicarlo de otra manera para no resbalar en la escatología o en la vulgaridad.
Y bien, ahora que he hablado de la comba de los glúteos es oportuno aclarar que las palabras comba, gamba, y corva, derivan de la misma raíz semántica que alude a la curva o curvatura de un objeto. Gamba es España se usa para referirse al camarón por su forma curvada, también en el arte de la carpintería la gamba de una pieza de madera es la curvatura que se le hace artificialmente, así que es posible que el término Gamborimbo haga alusión a la gamba del glúteo donde suele quedarse aglutinado.
No está por demás hacer notar que para que se produzcan los gamborimbos, es necesario tener velluda esa zona corporal, cosa frecuente en las personas de sexo masculino de cierta edad y raza; en cambio es infrecuente en niños, niñas, mujeres y ciertos grupos humanos lampiños, por lo que debemos entender que ellas y ellos no padecen esta inconveniencia, salvo las excepciones que cada uno puede proponer después de repasar su lista de amistades.
La limpieza anal con papel higiénico que es el que genera el problema por su textura, resistencia y consistencia, no es muy antigua, en México cuando mucho data de la década de los treinta, un poco antes del inicio de la segunda guerra mundial, tiempo en que se comenzó a usar entre familias que podían adquirirlo en el extranjero, su uso se generalizó hasta después de terminada la segunda gran guerra. Antes se usaba papel de periódico, hojas de algunas plantas. Se sabe que desde el siglo VI antes de la era, se usaron hojas de lechuga para el aseo anal. Se sabe que a Moctezuma lo limpiaban con esponjas humedecidas en agua perfumada. El agua ha sido siempre el solvente universal de la mugre y de las excresencias humanas; no es difícil imaginar que durante miles de años los arroyuelos cubrían la función del actual bidet y, es posible que la arena seca y menuda de las playas pudiera haber cumplido esa función higiénica meticulosamente.
Los chinos desde muy antiguo usaron el “papel de china” obviamente, y hasta podríamos aventurar la hipótesis de que ese tipo de papel se inventó ex profeso para la limpieza anal de los mandarines de las más antiguas dinastías, amén de que las razas orientales no son velludas en sus zonas glúteas, por lo tanto podemos afirmar con bastante certeza que el síndrome gamborímbico es meramente occidental. Queda claro entonces que la historia de los gamborimbos viene aparejada con el uso generalizado del “papel de baño”, su origen por tanto se remonta a la primera mitad del siglo XX.
A pesar de la repugnancia que pudiera causar a ciertas personas, la afección no ha sido combatida por las instituciones de salud pública, así que ha quedado reducida a un asunto doméstico, de higiene íntima y personal, el Estado no tiene entre sus programas el combate a esa epidemia tan sufrida por ciertos sectores de la población, por lo tanto no hay soluciones universales. Las recomendaciones para evitarlo podrían ser muchas: abandonar el uso del papel higiénico, volver al periodismo, volver a la lechuga o cambiarse a vivir a la orilla de algún arroyuelo, instalar un bidet con sacrificio de algún otro mueble del baño; pero la sugerencia más prudente y barata ante esta andancia, es no salir del baño sin antes restregarse la comba aglutinada con estropajo y jabón todos los días.

martes, 5 de octubre de 2010

METEORO Y METE ORO

Como un regalo a la generación actual, quiero recordar una vieja conseja que forma parte de la historia no escrita de Veracruz y que, ahora en medio de las desgracias que nos acarreó el meteoro, vale la pena traer a colación porque hay también fortunas que llegan por el aire inopinadamente.
Fue en el período del presidente Miguel Alemán Valdez, que tomó posesión el 1º de diciembre de 1946 y lo terminó el día último de noviembre de 1952. Posiblemente en el penúltimo o último año de su mandato (si hay quien tenga la información más fresca me gustaría que no se la guardara), fue cuando una avioneta repleta de dinero cayó en algunos de los montes (o cañadas) que rodean a Alto Lucero o Actopan. La localización del aparato siniestrado, duró el tiempo suficiente para que los rescatistas encontraran al piloto entre los escombros del aeroplano, pero de los billetes ni su luz, la gente de la zona recogió el dinero caído del cielo y se lo guardó para su beneficio. Era tanto que alcanzó para los que se aprestaron a recogerlo y para quienes amenazaron con denunciar el rescate si no se compartía. Se dijo que la avioneta era oficial, exactamente de la presidencia de la república, que iba para Sayula, ahora Sayula de Alemán, que el dinero era del presidente que lo mandaba a guardar a su casa; que había sido extraído de las arcas nacionales indebidamente y que, si el presidente se lo estaba carranceando, pues mejor destino había encontrado entre los altolucereños, actopeños e incluso jalapeños que darían mejor fin a lo avanzado. El asunto es que, durante mucho tiempo, se dijo que las dilatadas fortunas de conocidos ciudadanos de estos rumbos se debieron a aquel rescate del dinero que don Miguel hacía volar con rumbo incierto.
De voz de mi tío Celso Ochoa, que si viviera tendría más de ciento diez años, tuve conocimiento del suceso en aquel entonces, el presumía de haber rescatado una buena cantidad de dinero que le alcanzó para poner un taller de fundición. Así mismo Víctor Caramón me cuenta que su padre le platicó siendo niño, que “la gente llenó costales de dinero, algunas familias hoy reconocidas de Xalapa fueron partícipes del hecho, por consiguiente del enriquecimiento”.
No conozco ninguna versión escrita de lo que ahora narro, aunque confieso que me cuesta trabajo ir a hacer bucitos en las hemerotecas del Diario de Xalapa o del Dictamen con la gruesa referencia de los seis años de gobierno de don Miguel. La Wikipedia aquí si se quedó pen…sando y no me arrojó ningún resultado en dos días de búsqueda; o sea que, como ha quedado dicho al principio, estamos ante una conseja oral de la más pura esencia jarocha. Tengo algunos nombres de personas cuyos descendientes hoy en día son en efecto damas y caballeros muy connotados y ricos, pero no me atrevo a mencionarlos sin un apoyo histórico más preciso, por temor a cometer una indiscreción que, finalmente a estas alturas no tendría más importancia que la de formar parte de un mundo anecdótico. Pero el asunto tiene miga hasta para una novela de corte sergiogalindano como “La Comparsa” o “El Bordo” o la mismísima “Otilia Rauda” que ha merecido llegar al celuloide, que así se dice aunque ya las películas vengan en DVD metálico.
Creo que todavía es tiempo de recoger las verdades de la conseja; los que la oímos de segunda mano cuando ocurrió debemos tener ahora alrededor de sesenta y cinco años; quizá haya viejos de ochenta que hayan sido testigos del suceso y porqué no, que se hayan acarreado para su casa un costal de billetes en busca de los cien años de perdón. ¿Quién sabe algo más de lo que aquí he contado?

sábado, 18 de septiembre de 2010

¿Y LOS TEMPLOS QUÉ?

El huracán Karl trajo más aspaviento que viento y más despechados que destechados, yo soy uno de ellos. Me reí cuando mi mujer me pidió ayuda para pegar tiras cruzadas de papel adhesivo en las ventanas atendiendo las recomendaciones de las autoridades de protección civil, y más me reí cuando pasada la falsa alarma, tuvo que quitarlas sin mi ayuda y con cara de preocupación porque el pegamento tenía que limpiarse con alcohol para que después no se le pegue al vidrio la pelusa que vuela. El centro nacional de huracanes, de Miami porque aquí no tenemos, no apuntó bien, equivocó el sitio de entrada a tierra y la trayectoria de Karl, así que de todos modos cogió desprevenidos a los costeños de Úrsulo Galván, La Antigua y Zempoala, que estaban muy quitados de la pena viendo para Laguna Verde donde habían apagado los reactores y luego, como si el meteoro fuera un emisario del pasado cogió la ruta de Cortés para llegar al altiplano; a los jalapeños nos hizo lo mismo que a Juárez.
Se improvisaron albergues para la gente que vive en lugares riesgosos. Los lugares llamados así son los que la gente rica le ha dejado a la gente pobre: los campesinos sin campo que se arriman a los centros urbanos y forman eso que alguna vez le llamaron cinturones de miseria, nombre que resultó ser tan ofensivo para los fregados como para los ricos y, sobre todo para los especuladores de la tierra que no pueden ver un cacho de mapa sano que no se apoderen de él, para sí o para el negocio. El peyorativo nombre cayó en desuso, aunque no esas goteras de toda ciudad moderna. Los lugares riesgosos son invariablemente causes secos de ríos desecados que, cuando el agua recobra su memoria los inunda. Son también barrancones que se deslavan con el peso del agua obedeciendo la ley de la gravedad y ese extraño impulso del planeta de hacerse más redondo y más liso, rellenando huecos y aplanando cimas. Claro que los que han sido orillados por la gente decente a vivir en esos lugares, tienen que sufrir las consecuencias.
Los albergues, como su nombre lo indica, son lugares para guarecer a las personas a las que la sociedad a marginado desde antes, o sea, mandado a la vergüenza de la pobreza o menos que eso, a la sobrevivencia en lugares en donde no estarían si tuvieran la posibilidad de vivir en un buen fraccionamiento, o ya no la pidamos con trenzas, aunque sea pelona: en un complejo habitacional de interés social. Con algunas excepciones honrosas como la Xalapa 2000 donde los deslaves y los barrancones coexisten con los asustados vecinos.
¡Pero qué digo! Ahora la temporada de huracanes nos ha traído la modalidad de los “albergues patito” que consisten en que algunos vivales, aprovechándose de la necesidad ajena y de la bondad pública, abre un centro de acopio y ayuda para los supuestos damnificados, y se hace de todas las aportaciones para negociar con ellas y ganar dinero. Así que fíjense ustedes que el gobierno, la Cruz Roja, las almas caritativas y hasta la delincuencia organizada ofrece ayuda a los damnificados. Bueno, hasta el centro de convenciones internacionales de Boca del Río esta vez fue convertido en albergue.
¿Y los Templos? Esos templos que son catedrales, parroquias, iglesias, capillas, ermitas, administradas por el altruista y bondadoso clero católico, u otras religiones. Esos no dicen esta boca es mía, así se esté cayendo el cielo sobre sus feligreses. Los templos son propiedad de la nación, de acuerdo a su filosofía debieran ser los primeros en abrir sus puertas y convertirse en albergues para quien los necesite. El Estado debería invitarlos a que participen de ese modo, no que se van nada más a todo pa’cá y nada pa’llá. Serían albergues de lujo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

CUARTO PODER

Me da grima ver en los noticieros televisados el manejo insolente que se hace de las capturas de personas presuntamente delincuentes. Remarco la presunción delictiva porque legalmente es sólo la sentencia irrecurrible de un juez la que da certeza a la calidad de delincuente de una persona. La exhibición espectacular de un individuo maniatado, esposado, engrillado, interrogado para que “cante”, “suelte la sopa”, auto-incriminándose o incriminando a sus compinches, sólo obedece a la morbosidad impune con que los reporteros manejan las noticias de nota roja, y constituye un hecho ilegal, prohibido por la Constitución que, dentro de las garantías, concede a los detenidos el derecho de no ser maltratados, no ser obligados a declarar, mucho menos a ser infamantemente exhibidos.
Las televisoras están incurriendo flagrantemente en la violación de las garantías constitucionales de los detenidos, al transmitir públicamente un interrogatorio que debiera ocurrir en privado por seguridad de los propios involucrados y por respeto al público televidente sensible. La forma en que se ha estado dando la noticia de la captura de Edgar Valdez Villarreal, de quien nos restriegan con toda mala leche el alias de “La Barbie”, nos permite darnos cuenta del poder que tienen las empresas televisoras sobre las autoridades encargadas de la seguridad pública, nos ofrece una muy segura inferencia de que entre esos medios de comunicación y las policías hay un maridaje tan reprobable como el que existe entre estas y la delincuencia organizada y, nos da a entender que hay que cuidarse de esos medios de comunicación tanto o más que de los que son presuntamente delincuentes. También nos explicamos, viendo las barrabasadas que nos ofrecen como noticias, el porqué los mismos estudios de televisión son atacados con bombas y granadas, mientras que a los ejecutivos, haciéndose las víctimas, nos les pasa por la cabeza que se han ganado a pulso los atentados de que son objeto.
Ofrezco comparativamente el ejemplo de los juicios que se hacen en los países donde sí se respetan los derechos humanos, o se presume que se respetan. Ahí no se permiten reporteros gráficos, por lo que han resuelto el impedimento introduciendo dibujantes en las salas de audiencia; de ese modo han encontrado un subterfugio para evadir la prohibición. Los lectores o espectadores de noticias en periódicos y tele, nos conformamos con ver los bosquejos de los habilidosos retratistas. No se trata de un anacronismo, se trata de no vulnerar los derechos protegidos de quien, aún no ha sido declarado culpable y por ende no puede exhibírsele como carne de patíbulo.
Estamos en México en etapa salvaje todavía, en tratándose de respeto a los derechos humanos, lo triste es que estos fueron reconocidos a finales del siglo XVIII como consecuencia de la revolución francesa, y aquí en el arranque del siglo XXI aún no acabamos de entender con qué se comen.
Si los delincuentes son eso, delincuentes, por su supina ignorancia de lo que son los derechos del hombre y del ciudadano, actuemos en consecuencia y hagámosle ver a los medios de comunicación, que ellos y sus reporteros lo serán también si no enmiendan su actitud de perdonavidas poderosos e impunes violadores de la ley.

viernes, 27 de agosto de 2010

BIOGRAFÍA DEL HÉROE VICENTE NARIO

Nació Vicente Nario en la hacienda “El Capadero” cercana media legua de Tepexco de Abajo, perteneciente a la diócesis de Valladolid hoy Morelia, el martes 14 de julio de 1789, justo a la hora en que, en París las huestes revolucionarias tomaban La Bastilla. Quizá ese hecho marcó la vocación independentista de Vicente Nario. Hijo de don Felipe Nario gaditano de origen, párroco de la iglesia de Tepexco y de su hermana, sor Josefa Nario, más conocida como La Pepa, apodo que coincidentalmente se le dio a la Constitución de Cádiz promulgada en marzo de 1812, sin que aún haya quedado claro si la fama de Pepa Nario tuvo algo que ver con aquel cuerpo de leyes, o si se le apodó La Pepa por haber sido promulgada el 19 de marzo día de san José esposo de la virgen María y padre putativo (P.P.) de Jesús de Nazaret según los evangelios, muy influyentes en esa época. Hijo de un incesto por doble partida, pues el padre de Vicente era padre y su madre Pepa era madre, y entre ellos hermanos, la pareja, la familia, la sociedad y la Iglesia ocultaron los lazos consanguíneos tanto lineales como colaterales, y nuestro héroe apareció siempre como huérfano o cuando mucho con muy poca madre y muy poco padre.
Desde el primer día de su nacimiento, el pequeño Vicente tuvo que sortear su mala suerte: oculto entre trapos y en una canastilla tipo “moisés” fue dejado por la madre su madre en el quicio de la puerta del convento con una carta que, la historiadora Eulalia Guzmán encontró enterrados en el Bolsón de Mapimí, y sin explicación alguna de el porqué hasta allá, afirmó que eran los pañales y la cuna de nuestro biografiado. La misiva se puede ver en una vitrina del museo de sitio de Tepexco de Abajo, Michoacán, está escrito en caligrafía preciosista y dice: “Al padre o madre que encuentre al hijo de mis entrañas. Le pido cuidar a esta criatura que está llamada a ser… si no padre, cuando menos tío de la patria. No se arrepentirán, lleva sangre libertaria. Su madre” ¡Del padre ni su luz!
Chente Nario creció como mandadero y correvedile del convento, agradeciendo al cielo cada día no haber sido víctima de infanticidio tan en boga en los conventos en esos tiempos. Su primera infancia se ocupó en aprender las operaciones matemáticas elementales, a leer y escribir transcribiendo versículos y pasajes de la Biblia, único libro permitido dentro del claustro. Pepa lo atendía disimulando su amor maternal hasta que a los doce años tuvo que huir del convento asediado por un cura pederasta que no han faltado nunca, ni antaño ni ogaño, empleándose tan pronto probó la libertad, como ayudante de arriero con uno que hacía viajes de Carácuaro a Tzin Tzun Tzan y viceversa.
Se estrenaba el siglo XIX, y en la Nueva España, el que no era cura, militar, peninsular, letrado y hombre, no tenía futuro. Los maceguales, las mujeres, los mestizos y los criollos tenían normada hasta la manera de vestir. ¡Qué capaz que un indio usara la indumentaria de un criollo, mucho menos ropa militar o talar! Era llevado a la Santa Inquisición, torturado, y si la libraba, era solamente mutilado de alguna de sus partes nobles, todo en nombre de Dios y de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
El joven Nario se convirtió en un autodidacta clandestino, no había de otros entonces, logrando obtener la cultura e información suficiente como para ser un bachiller en cánones, de haber habido alguna institución educativa que reconociera sus estudios adquiridos entre mula y mula de las que arriaba de subida y perseguía de bajada sin apartar los ojos de la lectura. La Real y Pontificia Universidad, medieval-escolástica, era a la sazón la única institución educativa; no había universidades patito como ahora hay en cada esquina. Tendría 18 0 19 años, los biógrafos no se ponen de acuerdo en esto, cuando Chente supo que el Generalísimo insurgente don José María Morelos y Pavón era el mismísimo arriero Chema que años atrás le había enseñado los secretos de la arriería y los sentimientos de la nación. A partir de entonces Chema y Chente sólo fueron apartados por la muerte del primero en los cepos inquisitoriales.
Transido por el dolor que le causara la proditoria muerte de su mentor, Vicente Nario abrazó tardíamente la carrera de las armas mediante un curso por correspondencia que impartía desde Estados Unidos la Remington recién fundada. Su sentimiento era de legítima venganza, adobada con las salpicaduras de las salsas libertadoras que cayeron de Francia, Cádiz, Estados Unidos, Haití y Venezuela. Inspirado también en la bien intencionada frase de James Monroe “América para los americanos” nuestro héroe sin ser esclavo, decidió emular los movimientos esclavistas que ya triunfaban en Norteamérica, y en la isla La Española, convencido de que para matar al enemigo bastaba un machete bien afilado.
No fue Simón Bolívar el primer americanista que cruzó fronteras para correr a los intrusos, antes que él, nuestro héroe Vicente Nario se lanzó a ojos cerrados para luchar codo a codo con todos los libertadores que después se honraron con nombres de calles y estatuas: Toussaint Louverture de Haití, José de San Martín de Argentina, Bernardo O’Higgins en Chile, el antedicho Bolívar en Venezuela, Artigas en Uruguay, Francisco de Paula Santander en Colombia; todos ellos supieron que Vicente Nario les sobreviviría doscientos años, como su nombre lo sugería.
Al iniciarse la década de los veintes del siglo XIX la mayoría de los alzamientos libertarios habían triunfado y, nuestro biografiado se hizo notable en la vida institucional, tras de años de andar a salto de mata y escondido en cuevas y destierros, pero, contrariado por la dirección que habían tomado los intereses públicos, se levantó contra el primer emperador Agustín de Iturbide; eso le valió ser capturado cuando intentaba entrar por Tampico. Amarrado y sobre una mula, fue llevado hasta la ciudad de México en un sufridísimo periplo que los historiadores se avergüenzan de describir, sólo se atreven a contar la anécdota de que, habiéndose caído de la mula, se quebró dos costillas, una pierna y la clavícula, y al no haber sido atendido a tiempo por manos expertas, le soldaron checos los huesos, quedando deforme y baldado para el resto de sus días.
Pero la república le hizo justicia y en el gobierno de su tocayo Vicente Guerrero fue electo diputado, cargo que cumplió a pesar de sus deformidades que lo hacían blanco de las burlas de sus intolerantes compañeros parlamentarios.
Entre sus aportaciones legislativas más importantes y que se siguen aplicando hasta nuestros días, podemos señalar la ley Herodes, la ley del más vivillo, la ley de fueros de fuera y otras que ni para cuando, ni con otros dos Vicente Narios se acabará.
Quede dicho en abono de la ingratitud de la república, que el nombre de nuestro héroe no ha sido puesto todavía en letras de oro en el recinto legislativo de San Lázaro.

jueves, 19 de agosto de 2010

¿QUIÉN ES JUAN SANDOVAL IÑIGUEZ


Sandoval Íñiguez Juan, es el arzobispo de la archidiócesis de Guadalajara, ese que hace unos meses negoció con el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, de evidente cerebro reblandecido por el alcohol y la catequesis, una archí limosna de noventa millones de pesos del erario público estatal, para edificar un templo dedicado a los “mártires” de la cristiada. Proyecto frustrado porque provocó tal escándalo público, que tuvo que devolver el dinero, aunque sólo una tercera parte, del resto no se sabe todavía nada, y parece que el proyecto sigue clandestinamente.
Juan Sandoval es Cardenal desde 1994, lo ungió Juan Pablo II. Tiene ahora setenta y siete años de edad, cincuenta y tres años de ordenado y de desordenado bastantes más. Su desorden es mental a juzgar por las expresiones que han quedado consignadas para los anales de la intolerancia, la misoginia, la homofobia, el fascismo, el anacronismo y la acrimonia.
Ha dicho por ejemplo:
-“Se necesita no tener madre para ser protestante”
-“Las mujeres no deben andar provocando, por eso hay muchas violadas”
-“Marcelo Ebrad junto con los organismos internacionales maició a los “magistrados” de la Suprema Corte que recibieron dádivas, por ello no dudo que el asunto de las adopciones vaya por el mismo camino”.
-“¿A ustedes les gustaría que los adopten una pareja de maricones o lesbianas?” Preguntó a los reporteros que lo entrevistaron esta semana.
Estas últimas frases transcritas las dijo recientemente, como reacción ante la resolución de los ministros de la Corte (que no magistrados) respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo.
Ahora bien: maiciar es un verbo que tiene implicaciones ofensivas, significa ni más ni menos arrojar maíz a los cerdos; es un verbo de uso ranchero para referirse a la engorda de animales de corral, puede aludir a gallinas u otras aves, pero en plan ofensivo hacia las personas establece una comparación entre estas y las bestias que medran gracias a quien les llena el buche. Para los ministros de la Corte, es inadmisible esta injuria que merece un castigo ejemplar por tratarse de quien viene. Las injurias son un delito y Juan Sandoval lo ha cometido. En honor a la justicia este señor debe ser denunciado, indiciado, procesado y tenido como reo.
Por otra parte, el llamar maricones a las personas que tienen preferencia sexual distinta a la que él tiene (¿?) o no tiene porque no debe tener, también contiene un ánimo ofensivo de triple sentido a saber: primero intenta ofender a los hombres comparándolos con las mujeres; esto encierra una misoginia recalcitrante, agresiva y de uso muy corriente en siglos pasados de los que él no ha salido; en la actualidad la comparación con las mujeres enaltece, aunque él lo use para lo contrario. En segundo lugar ofende a lo femenino al tenerlo como inferior e indigno de ser imitado. Se le olvida evidentemente a este individuo que son precisamente los curas como él los que usan sotana que es ropa de corte femenino. Y en tercer lugar viene lo peor: la palabra maricónes que usa este don Juan, que así se llama, proviene del nombre, el dulcísimo nombre de María que, por antonomasia, es ni más ni menos la madre de su redentor al que él y tantos como él reverencian desde los altares todos los días. Maricón ni más ni menos es el que actúa como las Marías, el que llora como ellas, María madre, María Magdalena y María Salomé las tres plañideras al pié de la cruz. El uso de esas ideas para ofender, implica que Juan Sandoval Iñiguez es un prevaricador y delincuente que merece la cárcel… y para que se redima debería ir
precisamente a las islas Marías.