Así como Dios,
alguna vez sentado
a dos carrillos
en el trono más alto de los cielos,
mandaba desde atrás de su infalible dedo
y todos los demás obedecíamos,
(porque la monarquía
cacicazgo o reinado o satrapía
tan sólo la ejercía
Dios caudillo, omnímodo y supremo)
Así una vez
por años floreciera
a imitación del cielo
en este nuestro suelo de subsuelo,
un dictador falaz y omnipotente
que simulando el voto de la gente
se hacía llamar, con bombo,
Presidente.
Y era la viva imagen del supremo
el señor mandamás,
el de mayordomía indiscutible
el Tatiaxca mayor,
el infalible,
el intocable,
rodeado de su estado mayor.
Alzando la falange de su índice certero
siempre daba en el blanco… o en el negro.
No había pa’donde hacerse
no había merced,
ni pa’ti, ni pa mi, ni para usted…
había que andar, con tiento y disimulo…
con el culo pegado a la pared.
Los hijos y entenados,
todos de la revolución del centenario,
“electos” presidentes, diputados,
gobernadores, preciosos o precisos, solapados,
o somnolientos miembros del senado,
ministros de la Corte… de la tremenda Corte
bien pagados,
o ungidos, vitalícios
líderes sindicales
¡charros y millonarios!
Componían la cohorte
del que fuera inquilino
en turno sex-anuario de Los Pinos…
aunque primero y acaso por recato
cuatro años sólo,
durara el “maximato”…
mas los que se añadieran el siguiente
sumiso candidato
a presidente de un solo sufragio.
Nadie tenía más fuero que su fuero,
nadie tenía más sueldo que su sueldo,
nadie decía que no cuando pedía
y nadie se negaba a obedecerlo.
Y así vivimos setenta y tantos años,
PRImerizos en cosas de gobierno
a imagen semejante de los cielos.
Pero el sistema envejeció, por suerte
la corrupción se les ahogó en sancocho
y al llegar el fatal sesenta y ocho
se volvieron aliados de la muerte.
Ahí fue donde
se firmó la debacle del sistema,
pataleando por casi cinco lustros
sintiendo su final ya no tan lejos
aceptaron el pírrico anatema
de injustos,
con tal de no pasar como pendejos.
Pero nada valió
se le fugó el poder al presidente
se le fue de las manos a Vicente
para suerte y fortuna de la gente
y el pueblo respiró.
Se burló de su imagen;
de su señora,
que opacó su buen ver con la ambición
de emular a Isabel la de Perón.
Y la risa del pueblo fue el castigo,
no pudiendo otra cosa, nos mofamos
del rancho, de las botas, del ganado
y de los sinvergüenzas entenados;
de todo se burló el pueblo sonriente
y se olvidó cuando pasó Vicente.
Así el poder cambió de domicilio,
se fragmentó en parvada de huilotas
se alejó de los pinos e hizo amagos
de buscar otros cielos y otros lagos.
Nació con fuerza así un nuevo concilio
que por sus siglas se llamó CONAGO
allí se arracimaron treinta amigos
cual más merecedores de presidio.
(o sea, de presidir dicho concilio).
Los ministros de la Supina Corte
mirando ya en la nave velas rotas,
le brincaron también como resorte
sin ver la dimensión de sus nalgotas,
Se agotó el poderío de un solo hombre
se disipó la fuerza de su dedo
y en el nombre del pueblo
se atrevió a gritotearle
hasta el desangelado Muñoz Ledo.
Más eso no fue el pedo
sino que los partidos siempre atentos
a sacarle tajada a la carroña
a jugar se pusieron a la roña
para cogerse… los mejores puestos
y regar sin pudores su ponzoña,
sin aceptar sanciones ni denuestos.
Fuero y poder, así se llaman estos
favores consignados por la historia.
Y ya siendo la silla un vil cajón
de bolero aventado en un tugurio,
por pura inercia subiose Calderón
chaparro al que apodaron “El espurio”.
Mas no pudo acercarse a la hornacina
del salón de sesiones del congreso
y viendo que el mitote estaba grueso
aceptó penetrar por la cocina.
Así disimulando su gran mohína
protestó sin pensar, por el deceso
de presidencialismo que termina.
El pueblo,
esperanzado pueblo,
entre ingenuo y huraño,
creyó mirar que ese poder de antaño
se aposentaba hogaño
entre escaño y escaño.
Nació una expectativa redentora
estaba ahí nuestro representante
con la ley en la mano…
Pero, con eso y todo
el pueblo siguió ajeno y expectante.
El altavoz con retumbar audible
sin asomo de un gramo de impaciencia
calmadamente la lista de asistencia
nos hizo comulgar con lo increíble:
en la mullida piel de los escaños
sin menor disimulo,
arrellanaban su gastado culo
los mismos diputados de ha doce años:
Chuaiffet, Porfirio, Víctor Flores,
Beatriz Paredes, Laura itsel Castillo
y otra manga insufrible de vivillos
cual vergonzosa penca de coyoles,
“vuelve a la vida” en un coctel de pillos
Baste un botón
para poner ejemplo
de lo que está ocurriendo en el congreso
en ese que debiera ser el templo
de la ley, del honor y del esfuerzo,
Ahí están los de siempre
haciendo un amasijo de perversos.
procurando que el pueblo pague impuestos.
Ya ni llorar es bueno,
ni acercarse a la iglesia por consuelo…
Ahí cobran el diezmo.
miércoles, 14 de octubre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
viernes, 4 de septiembre de 2009
PRÓFUGAS DEL TOMPIATE
Recién iniciado el período de sesiones de la LXI Legislatura, ocho diputadas electas y selectas: cuatro del verde, dos del PRI, una del PRD y otra del PT, pidieron licencia para que sus respectivos suplentes, todos hombres machos del sexo masculino con tompiates y demás atributos secundarios, ocupen los escaños diputadiles en donde ellas pudieron haber dejado la huella de su vocación política.
Desbandada de tales dimensiones, hace suponer que atrás de ella existían arreglos, concertaciones y tranzas para llenar la cuota de género en el período de elecciones, y una vez ganado el espacio se aplicase el consabido principio político de “quítate tu para ponerme yo”.
Resulta alarmante el hecho de que semejante truco esté tan difundido entre los partidos y que, haya damas, mujeres, del sexo femenino con ovarios y demás atributos secundarios, que hubieran aceptado una componenda tan ajena a la regla.
Siempre nos había parecido injusto y ofensivo llamar prófugas del metate o prófugas del petate a las señoras que no se dedicaran a las labores “propias de sus sexo” como decían los antiguos escribanos de los juzgados y notarías, pero la componenda ahora visible, pone en un entredicho razonable a estas diputadas electas que enseñando el cobro, le dejan su lugar a sus sinvergüenzas soplantes… perdón, suplentes. De los partidos ya ni se diga, todos sabemos que no tienen principios éticos… ni madre… o quizá tengan madre suplantada.
La corrupción ha cundido llenándonos de desesperanza y desilusión. No quisiera ver pasado mañana a Beatriz Paredes pidiendo licencia, porque entonces si, no nos quedaría más que volarnos la trampa de los sexos.
Desbandada de tales dimensiones, hace suponer que atrás de ella existían arreglos, concertaciones y tranzas para llenar la cuota de género en el período de elecciones, y una vez ganado el espacio se aplicase el consabido principio político de “quítate tu para ponerme yo”.
Resulta alarmante el hecho de que semejante truco esté tan difundido entre los partidos y que, haya damas, mujeres, del sexo femenino con ovarios y demás atributos secundarios, que hubieran aceptado una componenda tan ajena a la regla.
Siempre nos había parecido injusto y ofensivo llamar prófugas del metate o prófugas del petate a las señoras que no se dedicaran a las labores “propias de sus sexo” como decían los antiguos escribanos de los juzgados y notarías, pero la componenda ahora visible, pone en un entredicho razonable a estas diputadas electas que enseñando el cobro, le dejan su lugar a sus sinvergüenzas soplantes… perdón, suplentes. De los partidos ya ni se diga, todos sabemos que no tienen principios éticos… ni madre… o quizá tengan madre suplantada.
La corrupción ha cundido llenándonos de desesperanza y desilusión. No quisiera ver pasado mañana a Beatriz Paredes pidiendo licencia, porque entonces si, no nos quedaría más que volarnos la trampa de los sexos.
viernes, 14 de agosto de 2009
EL HÁBITO NO HACE AL CAFRE
Eduardo Patiño Leal, obispo de la diócesis de Córdoba, Ver., pasando por Huatusco atropelló con su automóvil y mató a doña Reina Menchaca, hirió a otras seis personas, causó daños en propiedad ajena de particulares y bienes de C.F.E., el jueves 13 de agosto 2009.
La primera impresión y expresión que me atropella a mí también es preguntarme: ¿venía apurado? ¿Venía borracho? o ¿venía pendejeando divinamente? Y la respuesta es inmediata: Las tres cosas. Venía como alma que lleva el diablo, dicha sea con perdón por tratarse de un purpurado bienquistado con dios, pero según las notas de los medios, que no periciales porque parece ser que no se apareció ningún perito de tránsito en el lugar, venía metiendo la pata… en el acelerador, desde antes de llegar a la zona del accidente, porque estaba llegando atrasado a una reunión del Decanato. A la hoy occisa la arrastró cinco metros, según el noticiero, de lo que se infiere que no sólo venía a velocidad inmoderada sino que, no pudo controlar dirección ni velocidad del vehículo, lo que conduce en buena lógica a entender que se apendejó… a no ser que, el homicidio no fuera imprudencial sino perfectamente intencional y dirigido a doña Reina Menchaca, lo que es improbable hasta el momento.
A veces el vino de consagrar suele ser bastante pegador, pero para no faltar a la verdad, habrá que esperar los peritajes de los médicos forenses, sobre alcoholímetro y otras circunstancias que rodearon al caso, para afirmar o negar que el obispo venía pedo.
En las entrevistas hechas por los corresponsales de televisión, lo que conmueve es la consternación de las autoridades pueblerinas que tomaron conocimiento del asunto; de pronto el temor reverencial les congeló en la boca y les volvió tabú palabras como obispo y homicidio; se notaban mucho los ridículos circunloquios en que caían con tal de no poner en claro que el que había matado y herido a varias personas en el área de mercado callejero de Huatusco era un obispo cafre, urgido y despistado.
En dos diferentes medios se habla de dos diferentes costos de la fianza para salir de la cárcel: noventa mil pesos en gobernantes.com y cuatrocientos cincuenta y siete mil pesos en alcalorpolítico.com, posiblemente esta cantidad incluye pago de reparación de daños físicos y morales. El cepillo de las limosnas ni siquiera lo resintió. Si se hace notar con un dejo de resentimiento el hecho de que las autoridades hayan permitido el acceso a defensores en un estado de la indagatoria que, a personas comunes y corrientes no sólo no se les permite, sino que se les obstruye. Igualmente la presencia de altos funcionarios de la administración como el subsecretario de gobierno, pero… ¡Bueno, las autoridades tienen que suplir las deficiencias y descuidos de nuestro señor!
La primera impresión y expresión que me atropella a mí también es preguntarme: ¿venía apurado? ¿Venía borracho? o ¿venía pendejeando divinamente? Y la respuesta es inmediata: Las tres cosas. Venía como alma que lleva el diablo, dicha sea con perdón por tratarse de un purpurado bienquistado con dios, pero según las notas de los medios, que no periciales porque parece ser que no se apareció ningún perito de tránsito en el lugar, venía metiendo la pata… en el acelerador, desde antes de llegar a la zona del accidente, porque estaba llegando atrasado a una reunión del Decanato. A la hoy occisa la arrastró cinco metros, según el noticiero, de lo que se infiere que no sólo venía a velocidad inmoderada sino que, no pudo controlar dirección ni velocidad del vehículo, lo que conduce en buena lógica a entender que se apendejó… a no ser que, el homicidio no fuera imprudencial sino perfectamente intencional y dirigido a doña Reina Menchaca, lo que es improbable hasta el momento.
A veces el vino de consagrar suele ser bastante pegador, pero para no faltar a la verdad, habrá que esperar los peritajes de los médicos forenses, sobre alcoholímetro y otras circunstancias que rodearon al caso, para afirmar o negar que el obispo venía pedo.
En las entrevistas hechas por los corresponsales de televisión, lo que conmueve es la consternación de las autoridades pueblerinas que tomaron conocimiento del asunto; de pronto el temor reverencial les congeló en la boca y les volvió tabú palabras como obispo y homicidio; se notaban mucho los ridículos circunloquios en que caían con tal de no poner en claro que el que había matado y herido a varias personas en el área de mercado callejero de Huatusco era un obispo cafre, urgido y despistado.
En dos diferentes medios se habla de dos diferentes costos de la fianza para salir de la cárcel: noventa mil pesos en gobernantes.com y cuatrocientos cincuenta y siete mil pesos en alcalorpolítico.com, posiblemente esta cantidad incluye pago de reparación de daños físicos y morales. El cepillo de las limosnas ni siquiera lo resintió. Si se hace notar con un dejo de resentimiento el hecho de que las autoridades hayan permitido el acceso a defensores en un estado de la indagatoria que, a personas comunes y corrientes no sólo no se les permite, sino que se les obstruye. Igualmente la presencia de altos funcionarios de la administración como el subsecretario de gobierno, pero… ¡Bueno, las autoridades tienen que suplir las deficiencias y descuidos de nuestro señor!
martes, 23 de junio de 2009
FE, CONFIANZA, DESCONFIANZA Y BAJO FIANZA
Desde la antigua Grecia, los filósofos pensaron que los seres vivos y aún las cosas, tenían un modo bueno de manifestarse ante el mundo y llamaron virtud a ese impulso inmanente. El agua tiene la virtud de quitar la sed, también el vino; la menta refresca el aliento y la cicuta tiene la virtud de matar a los disidentes. Así encontraron cuatro virtudes orientadoras, dignas de señalar el derrotero de los seres humanos y por eso las llamaron virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza que son a su vez principio de otras contenidas dentro de estas. Durante muchos años la certeza de este pensamiento guió las acciones de quienes aspiraron a la perfección.
Pero nunca falta un prietito en el arroz; llegó la decadencia con la invasión romana y ya deambulando por la noche del oscurantismo, alguien mal intencionado se inventó tres virtudes que llamó teologales porque estaban atribuidas a dios y no al ser humano solamente; esas tres virtudes fueron la fe, la esperanza y la caridad; virtudes que como dios, no existen a pesar de que todos hablen de ellas y afirmen categóricamente sentirlas o presentirlas.
Como es obvio, el tema da para escribir varios aburridos volúmenes, pero el espacio concedido a esta colaboración, sólo permite que me ocupe de la fe, abusando de la buena fe de mis lectores y porque es el tópico del momento en este domingo electoral.
La fe es la primera y la peor intencionada de las tres virtudes teologales, los textos la definen como “Una luz y conocimiento sobrenatural con que sin ver se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone”. Mueve a risa la pretensión de explicar con esta antinomia la existencia de algo que contiene cosas inexistentes como “conocimiento sobrenatural” y “dios”; la definición es extralógica, absurda, tonta… pero útil para quienes la usan como vehículo de control, dominio y explotación de los irreflexivos, para no llamarlos de peor manera.
En el afán de definir lo indefinible, han equiparado la fe a la creencia, a la confianza, y a la certidumbre. Creer es aceptar algo sin analizar, sin estudiarlo, o cuestionarlo; tiene que ver con el dogma, se acepta sin discusión y ya. Esta actitud conviene a quienes engañan y perjudica a quien supone que con ello obtendrá algún beneficio. La fe asociada a la creencia es el viejo truco de la Iglesia, de todas las iglesias y es el modus vivendi de los vivillos; gracias a ella los templos más ricos del mundo los han hecho las iglesias con dinero de los imbéciles que suponen que aquí en la tierra se puede comprar un lugar en el cielo. La fe asociada con la confianza o fiducia como la llama la banca, es la trampa en la que nos hacen caer los banqueros que de ese modo pretenden convencernos de que no podemos vivir sin ellos, al grado de que invertimos, para rescatarlos de su propia trampa, grandes cantidades de dinero que pudiera tener mejor destino. También la confianza nos la juegan como dedo en la boca quienes reclaman nuestro sufragio en las urnas electorales, a cambio de alguna promesa que sabemos que no llegará nunca. La fe asimilada a la certidumbre es uno de los juegos más crueles: tenemos que hacer una maroma mental para empatar fe y certidumbre porque son conceptos contradictorios, ante la certeza la fe es completamente innecesaria y viceversa, quien pone en juego la fe, se enceguece ante la verdad, incluso la niega.
Hoy poner la esperanza, que es la segunda virtud teologal, en la fe pública que da un notario, respecto a las promesas de campaña de los candidatos a diputados, y con eso ganar la seguridad de que cumplirán lo prometido, me parece una broma tan inútil y falsa, como el hecho de usar el verbo dar, para vender a muy buen precio algo de lo que no están seguros ni los mismos fedatarios.Moraleja: eso de que “la fe mueve montañas” es sólo un promocional para agarrarnos de pendejos.
Pero nunca falta un prietito en el arroz; llegó la decadencia con la invasión romana y ya deambulando por la noche del oscurantismo, alguien mal intencionado se inventó tres virtudes que llamó teologales porque estaban atribuidas a dios y no al ser humano solamente; esas tres virtudes fueron la fe, la esperanza y la caridad; virtudes que como dios, no existen a pesar de que todos hablen de ellas y afirmen categóricamente sentirlas o presentirlas.
Como es obvio, el tema da para escribir varios aburridos volúmenes, pero el espacio concedido a esta colaboración, sólo permite que me ocupe de la fe, abusando de la buena fe de mis lectores y porque es el tópico del momento en este domingo electoral.
La fe es la primera y la peor intencionada de las tres virtudes teologales, los textos la definen como “Una luz y conocimiento sobrenatural con que sin ver se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone”. Mueve a risa la pretensión de explicar con esta antinomia la existencia de algo que contiene cosas inexistentes como “conocimiento sobrenatural” y “dios”; la definición es extralógica, absurda, tonta… pero útil para quienes la usan como vehículo de control, dominio y explotación de los irreflexivos, para no llamarlos de peor manera.
En el afán de definir lo indefinible, han equiparado la fe a la creencia, a la confianza, y a la certidumbre. Creer es aceptar algo sin analizar, sin estudiarlo, o cuestionarlo; tiene que ver con el dogma, se acepta sin discusión y ya. Esta actitud conviene a quienes engañan y perjudica a quien supone que con ello obtendrá algún beneficio. La fe asociada a la creencia es el viejo truco de la Iglesia, de todas las iglesias y es el modus vivendi de los vivillos; gracias a ella los templos más ricos del mundo los han hecho las iglesias con dinero de los imbéciles que suponen que aquí en la tierra se puede comprar un lugar en el cielo. La fe asociada con la confianza o fiducia como la llama la banca, es la trampa en la que nos hacen caer los banqueros que de ese modo pretenden convencernos de que no podemos vivir sin ellos, al grado de que invertimos, para rescatarlos de su propia trampa, grandes cantidades de dinero que pudiera tener mejor destino. También la confianza nos la juegan como dedo en la boca quienes reclaman nuestro sufragio en las urnas electorales, a cambio de alguna promesa que sabemos que no llegará nunca. La fe asimilada a la certidumbre es uno de los juegos más crueles: tenemos que hacer una maroma mental para empatar fe y certidumbre porque son conceptos contradictorios, ante la certeza la fe es completamente innecesaria y viceversa, quien pone en juego la fe, se enceguece ante la verdad, incluso la niega.
Hoy poner la esperanza, que es la segunda virtud teologal, en la fe pública que da un notario, respecto a las promesas de campaña de los candidatos a diputados, y con eso ganar la seguridad de que cumplirán lo prometido, me parece una broma tan inútil y falsa, como el hecho de usar el verbo dar, para vender a muy buen precio algo de lo que no están seguros ni los mismos fedatarios.Moraleja: eso de que “la fe mueve montañas” es sólo un promocional para agarrarnos de pendejos.
domingo, 10 de mayo de 2009
HUBO UN TIEMPO
Hubo un tiempo en que las madres le soplaban a la cucharada de sopa que se iba a comer su pequeño hijo, para enmendar el desperfecto de haberla calentado demasiado, porque no sabían lo que se sabe ahora, que ese amoroso soplido era la vía de contagio de enfermedades tan letales como el mentado AH1-N1 alias influenza porcina.
Cuantas madres habrán visto agonizar a sus hijos sin tomar conciencia de que ellas mismas los habían mandado a la gloria… celestial; no a La Gloria, congregación del municipio de Perote, Ver., donde las porquerizas Carroll crían puercos protegidos del posible contagio de la influenza humana, que despiden en toses y estornudos los infectos habitantes del lugar.
Hubo un tiempo en que los cumpleaños de mexicanos y mexicanas, fueran infantes, jóvenes o abuelitos, se celebraban con el consabido pastel sobre el cual se colocaban velas encendidas, tantas cuantos años cumpliera el festejado y éste, sin el menor escrúpulo cometía el atropello de soplar sobre el pastel, a veces con visibles gotas brillantes de saliva, para apagar el fuego de las candelas. Ocurría que cuando por lo avanzado de la edad del celebrante, ya no soplaba con la fuerza necesaria, tenía que repetir la acción escarchando de saliva el merengue de la tarta.
Hasta ahora nadie ha consignado ni puesto en estadísticas las muertes por comer pastel soplado e involuntariamente esputado por los cumpleañeros de este kafkiano país.
Hubo un tiempo en que los fieles que asistían a misas y rosarios en este católico solar patrio, se untaban agua bendita contenida en una pila donde todo mundo metía los dedos para untársela en diferentes partes del rostro. En algún momento intermedio de la ceremonia se estrechaban las manos amorosa y efusivamente, y al terminar el ritual pasaban a tomar con la boca la hostia que el cura a mano “limpia” le ponía en la lengua. Nadie se ponía averiguar si el ensotanado se había lavado las manos siguiendo las recomendaciones de los expertos en salud. Todos asumíamos que la bendición del agua, y la consagración del pan eucarístico, equivalían a esterilización. Todavía no sabemos si la duda es un pecado fuera de lista.
Hubo un tiempo en que besarse era una expresión de amor, sólo estaba limitada por los reglamentos municipales si se hacía en público, como por ejemplo en el callejón del beso en Guanajuato, pero las reglas de higiene no proponían ningún límite. Las películas norteamericanas nos enseñaban que el mejor beso era en la boca, abriéndola y hurgándole y removiéndole con la lengua la placa bacteriana de la pareja que amorosamente debía hacer lo mismo. El beso dado con los labios fruncidos, era de reprimidos o simplemente de saludo, costumbre social que distinguía a los de “la alta”.
¿Cuántos muertos habrá habido, asesinados por un simple beso, desde tiempos en que los más avistados como Emilio Zola sólo había previsto que la tísica Margarita Gautier no contagiara a Armando Duval de la ya ahora perfectamente curable tuberculosis?
Hubo un tiempo en que los seres humanos follaban arrebatados por la pasión, sin precaución alguna, tiempos en que todos los hijos eran deseados; el calificativo de indeseados sólo se aplicaba a los chancros y a las ladillas.
Hoy que las reglas de higiene son más importantes que los diez mandamientos, pudiera pensarse que es el aviso del fin del mundo que los profetas dejaron escrito.
Cuantas madres habrán visto agonizar a sus hijos sin tomar conciencia de que ellas mismas los habían mandado a la gloria… celestial; no a La Gloria, congregación del municipio de Perote, Ver., donde las porquerizas Carroll crían puercos protegidos del posible contagio de la influenza humana, que despiden en toses y estornudos los infectos habitantes del lugar.
Hubo un tiempo en que los cumpleaños de mexicanos y mexicanas, fueran infantes, jóvenes o abuelitos, se celebraban con el consabido pastel sobre el cual se colocaban velas encendidas, tantas cuantos años cumpliera el festejado y éste, sin el menor escrúpulo cometía el atropello de soplar sobre el pastel, a veces con visibles gotas brillantes de saliva, para apagar el fuego de las candelas. Ocurría que cuando por lo avanzado de la edad del celebrante, ya no soplaba con la fuerza necesaria, tenía que repetir la acción escarchando de saliva el merengue de la tarta.
Hasta ahora nadie ha consignado ni puesto en estadísticas las muertes por comer pastel soplado e involuntariamente esputado por los cumpleañeros de este kafkiano país.
Hubo un tiempo en que los fieles que asistían a misas y rosarios en este católico solar patrio, se untaban agua bendita contenida en una pila donde todo mundo metía los dedos para untársela en diferentes partes del rostro. En algún momento intermedio de la ceremonia se estrechaban las manos amorosa y efusivamente, y al terminar el ritual pasaban a tomar con la boca la hostia que el cura a mano “limpia” le ponía en la lengua. Nadie se ponía averiguar si el ensotanado se había lavado las manos siguiendo las recomendaciones de los expertos en salud. Todos asumíamos que la bendición del agua, y la consagración del pan eucarístico, equivalían a esterilización. Todavía no sabemos si la duda es un pecado fuera de lista.
Hubo un tiempo en que besarse era una expresión de amor, sólo estaba limitada por los reglamentos municipales si se hacía en público, como por ejemplo en el callejón del beso en Guanajuato, pero las reglas de higiene no proponían ningún límite. Las películas norteamericanas nos enseñaban que el mejor beso era en la boca, abriéndola y hurgándole y removiéndole con la lengua la placa bacteriana de la pareja que amorosamente debía hacer lo mismo. El beso dado con los labios fruncidos, era de reprimidos o simplemente de saludo, costumbre social que distinguía a los de “la alta”.
¿Cuántos muertos habrá habido, asesinados por un simple beso, desde tiempos en que los más avistados como Emilio Zola sólo había previsto que la tísica Margarita Gautier no contagiara a Armando Duval de la ya ahora perfectamente curable tuberculosis?
Hubo un tiempo en que los seres humanos follaban arrebatados por la pasión, sin precaución alguna, tiempos en que todos los hijos eran deseados; el calificativo de indeseados sólo se aplicaba a los chancros y a las ladillas.
Hoy que las reglas de higiene son más importantes que los diez mandamientos, pudiera pensarse que es el aviso del fin del mundo que los profetas dejaron escrito.
sábado, 2 de mayo de 2009
CINCO TAPA BOCAS
H1-N1 O SIDA
Ni esputo ni cagarruta
debe hacerse en las aceras
pues quien los pise, de veras
se contagiará en la ruta
de quien, sin entendederas
nomás a lo bruto esputa.
ANTIVIRUS
Preguntaba un comensal
en restorán de buen ver:
¿Cómo se puede comer
sin retirarse el bozal?
COMO EN BOTICA
Un licenciado pedote
sin resistirse a su vicio,
compró en tienda de servicio
cubre-boca con popote.
PROTEJAMOS LA FAUNA
Mis argumentos son obvios
y espero que a nadie asombre:
la enfermedad, en el hombre
es salud, en los microbios.
YA SOMOS DEMASIADOS
Habrá que decir la neta,
con el humor más ufano:
Por desgracia el ser humano
es la peste del planeta.
Ni esputo ni cagarruta
debe hacerse en las aceras
pues quien los pise, de veras
se contagiará en la ruta
de quien, sin entendederas
nomás a lo bruto esputa.
ANTIVIRUS
Preguntaba un comensal
en restorán de buen ver:
¿Cómo se puede comer
sin retirarse el bozal?
COMO EN BOTICA
Un licenciado pedote
sin resistirse a su vicio,
compró en tienda de servicio
cubre-boca con popote.
PROTEJAMOS LA FAUNA
Mis argumentos son obvios
y espero que a nadie asombre:
la enfermedad, en el hombre
es salud, en los microbios.
YA SOMOS DEMASIADOS
Habrá que decir la neta,
con el humor más ufano:
Por desgracia el ser humano
es la peste del planeta.
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